¿Qué voy a hacer hoy para que este día merezca la pena?

¿Qué voy a hacer hoy para que este día merezca la pena?

Cuando he vivido épocas de conflictos que me han generan sensaciones negativas (ansiedad, tristeza, apatía, rabia)  siempre he deseado que las horas pasasen muy rápido hasta que llegasen nuevas emociones positivas que me devolviesen el equilibrio; es como si me cerrase herméticamente  esperado a que los sentimientos negativos se esfumasen por arte de magia, albergando únicamente esperanza en mi interior.

Últimamente estoy intentando hacer un esfuerzo por cambiar hacia una actitud más activa según la cual intento compensar esas sensaciones negativas con otras más positivas que yo misma hago que sucedan por el mero hecho de hacer cosas que me produzcan placer, satisfacción, felicidad, orgullo, autoestima, alegría, etc, y no sólo hacerlas, sino además ser plenamente consciente de que las hago. Es verdad que ha habido etapas en mi vida en las que me han faltado hacer cosas deleitables, pero la mayoría de las veces el foco del problema ha sido que lo negativo ha ensombrecido a lo positivo, y yo simplemente no he sido capaz de ver que allí también había cosas realmente gratas. Pero he cambiado mi capa hermética por una más porosa para que mis sentimientos puedan fluir osmóticamente y se  vayan equilibrando independientemente de si atravieso una situación más o menos proclive a mi punto de confort.

Hablando en un modo más generalista, en determinadas ocasiones las personas vivimos deseando que el tiempo pase rápido, independientemente de si estamos sumidos en un estado depresivo o no; quizás debido al estrés que sufre hoy en día la sociedad actual. ¿Quién no desea un lunes que llegue el viernes cuanto antes?

Hoy quería hablar de cómo hago para evitar sentir ese deseo de querer que hoy sea mañana y que cada uno de mis días cuenten; trucos que pueden aplicarse tanto para superar el día a día en las etapas depresivas como para elevar la motivación de una vida llena de rutinas.

¿QUÉ?

En primer lugar, defino cuáles son mis alicientes. Yo los clasificaría en 3 grandes grupos:

  1. Retos: según la RAE, un reto es  un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta. El camino hacia un reto muchas veces resulta muy arduo, pero el conseguir ese reto resulta altamente gratificante y motivador.  Algunos de mis retos son:
    • ESTE BLOG 🙂
    • Correr una 10km a final de año
    • Aprender a quererme y no sertirme inferior por ser infértil. Aprender a disfrutar del aquí y ahora.
    • Superar mi fobia a la sangre
    • Aprender a hacer fotos chulas con mi cámara
    • Objetivos personales de mi puesto de trabajo
    • Incrementar todavía más mi experiencia en bases de datos MongoDB
    • Hablar en inglés con M cuando estemos en casa
  2. Aficiones: aquí se incluyen todas aquellas cosas que disfruto haciendo. Mis aficiones son:
    • Elaborar nuevas recetas de repostería: galletas, tartas, etc
    • Organizar 1 día de cocina internacional al mes
    • Salir con mi bicicleta por el campo
    • Preparar un viaje chulo en verano
    • Hacer excursiones para conocer la provincia
    • Crochet & tricot
  3. Premios: comprenden todas recompensas que me ofrezco por algo que he hecho bien o por el trabajo duro. Ejemplos de estas recompensas.
    • Comprarme un libro de cocina de los que me gustan
    • Salir al final del día a tomarme una cerveza con M o una amiga
    • Un desayuno especial de viernes
    • Noche de cena informal en el salón y peli
    • Salir a cenar o a comer fuera
    • Ver Master Chef!!!!
    • Comprar muebles para la casa
    • ….

¿CÓMO?

A comienzo de este año apunté en un papel mi lista de propósitos para el 2015 (esa lista que es tan popular y que en Febrero todo el mundo ha dejado de cumplir, pues esa). En esa lista incluía aquellos retos que quería conseguir a largo plazo y los hobbies que quería potenciar (afortunadamente tengo muchas aficiones pero desafortunadamente tengo poco tiempo libre 😦 ) A partir de esta lista general, mes a mes elaboro otra lista con acciones más concretas, y que  además me sirve de recordatorio para que mis propósitos de año nuevo no caigan en saco roto. Finalmente, diariamente apunto en un papelito qué es lo que quiero hacer ese día, incluyendo los pequeños retos tanto laborales como personales, momentos de disfrute y premios del día.

Yo soy una persona muy ambiciosa y al principio  apuntaba miles de cosas en cada una de las listas; quería aprovechar cada minuto de mi tiempo al máximo, lo que a veces era causa de agotamiento y frustración por no llegar a poder hacerlo todo.  Poco a poco he ido aprendiendo y acotando mejor lo que puedo llegar a hacer en un día… ¡qué el remedio no sea peor que la enfermedad!

¿POR QUÉ?

Y… ¿por qué necesito apuntarlo? Para ser CONSCIENTE y darme cuenta de todo las cosas positivas que hago:

  • Porque así no paso las horas de trabajo deseando que llegue la hora de cerrar el ordenador; tengo una mini-misión para ese día y cuando la cumplo me siento útil.
  • Porque cuando salgo a correr sufro, ¡y mucho!, pero la sensación de la ducha refrescante posterior es exquisita , ¡y la cena está todavía mucho más rica! Y cuando a los 2 días vuelvo a salir a correr y noto una mejora significativa de mi forma física y puedo correr un poquito más me siento Flex!
  • Porque me ayuda a darme cuenta de todas las cosas que me gustan hacer y que puedo hacer cada día
  • Porque me ayuda a valorar cada pequeño premio que me doy
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El apoyo de los demás durante la Reproducción Asistida

El apoyo de los demás durante la Reproducción Asistida

Durante estos meses de continuos tratamientos de reproducción asistida el mayor apoyo lo he encontrado en mí misma. Sólo yo puedo saber lo que realmente siento y lo que necesito en cada momento para poder buscarlo y  ofrecérmelo (en otros posts hablaré de cómo consigo ayudarme a mi misma).  Si tuviese que dar unas estadísticas diría que  el 70% es el apoyo que encuentro dentro mí y un 30% en los demás. Y dentro  ese “los demás”, un 60% representaría el apoyo de mi pareja, un 20% el apoyo de los profesionales (psicólogos) y  un 20%   lo que me aportarían los familiares, amigos y compañeros de trabajo. En este post únicamente voy a tratar lo relacionado a la ayuda recibida de “mi red social”, excluyendo a mi pareja, que bien merece un post aparte 🙂 , y los profesionales.

Cuando tienes un roto en tus emociones no te ponen una escayola, ni te ingresan en el hospital, ni tienes cara de fantasma debido a los continuos vómitos, ni te sale un sarpullido por todo el cuerpo; no hay un cambio físico en tí que haga pensar al otro que no todo está bien. Por eso es muy difícil que la gente intuya que necesitas ayuda, a no ser que tu mejor amiga sea la bruja Lola. Llega un momento en que se ha de tomar la decisión de si compartir tu problema con los demás  (por si eso puede servirte) o  mantenerlo en la intimidad de tu hogar. En nuestro caso hemos querido ser muy selectivos a la hora de decidir contar nuestro problema a nuestros  amigos (sólo los más íntimos lo saben) así como familia más lejana (tíos y primos por el momento son agnósticos de nuestro caso) y compañeros de trabajo. La  razón no es que lo consideremos un tema tabú que nos avergüence contar, sino que, simplemente, después de  todos los batacazos que llevamos a nuestras espaldas, yo no  quiero que haya muchas personas que sigan conscientemente todo nuestro proceso de RA, que contemos cada hito, alguno de ellos llegue a ser exitoso, nos hagamos ilusiones y que luego tengamos que deshacer esas ilusiones.

Limitándome al círculo que es conocedor de nuestra situación, a mí me ha resultado muy difícil encontrar apoyo “de calidad” en los demás. (NOTA: Con esto no pretendo ofender a nadie de mi entorno que me pueda llegar a leer en un futuro) .

Cuando alguien intenta ayudarme lo más normal es que al principio use “frases consuelo” tales como:

Anímate, ¡no te hundas!

Fíjate en Ana Rosa Quintana, tenía cuarenta y tantos cuando tuvo a sus mellizos.

A lo mejor es que no tiene que ser.

 

Una compañera mía de trabajo lleva 10 años buscando y nada.

 

Cuando menos te lo esperes, te quedarás. Tú, relájate.

 

Las “frases consuelo” son gratuitas; algo rápido, fácil, que no cuestan esfuerzo al que las dice pero sí al que las escucha, y que a mí personalmente me hacen huir de sus proclamadores.  Sé que ell@s lo hacen con toda su buena intención, pero …  Ay, Manolete, ¡si no sabes torear para qué te metes! Estas frases mágicas muchas veces son la primera y única forma que la mayoría de la gente utiliza para ofrecer su apoyo.

En estos meses he encontrado muy poquitas personas que hayan mostrado verdadera empatía, generosidad y disposición a acompañarme en mi lucha; que eviten las “frases consuelo” y las sustituyan por un

Comprendo tu dolor, y aquí me tienes para ayudarte.

que me escuchen sin juzgarme, que con sus palabras me hagan descubrir todas las cosas buenas que tengo y que hagan un hueco en su apretada agenda llena de obligaciones para ayudarme a salir de ese agujero profundo en el que empiezo a caer.

Al principio me ponía triste que gente cercana a la que yo quería no se implicase demasiado en tenderme su mano;  ahora lo he conseguido ver de otro modo y concentro mi atención sólo en las cosas y las personas que realmente son un +1  en este preciso momento, las que necesito dentro mi mochila para seguir mi camino hasta mi objetivo, tratando de disuadir el resto de distracciones que en estos momentos no me sirven, centrándome en el aquí y ahora. Son poquitas esas personas altruistas, pero ¡las tengo a mi lado! y tengo la enorme suerte de haberme cruzado con ell@s en algún momento de mi vida; me han demostrado que puedo contar con ell@s y, por eso mismo, yo he de demostrarles que también ell@s pueden contar conmigo. Y yo me esforzaré por  ser una de esas personas que tienden la mano a aquel que me necesite, porque ya sé que las “frases consuelo” gratuitas no ayudan.

Y por todo esto, a todo aquellos que habéis querido ir más allá de una “frase consuelo”:

De todo corazón, GRACIAS.

La música que me da energía: Viernes (Manolo García)

La música que me da energía: Viernes (Manolo García)

Una de las cosas que más energía me inyecta es el ir conduciendo sola en mi coche y que de repente suene una de esas canciones que me ponen los pelos de punta, me hacen subir el volumen del aparato y empezar a desgañitarme. Iré  listando esas canciones en este blog poco a poco: “mi lista de reproducción energizante”

Track 1: Viernes (Manolo García)

¡Hoy es viernes! ¿a quién no le gustan los viernes? Sin duda el mejor día de la semana. ¡A disfrutarlo a tope!

Esta canción me la ponía siempre los viernes en la residencia de estudiantes de la Universidad.

Capítulo 1: El origen

Capítulo 1: El origen

El día que decidí que podía y quería ser delgada fue uno de los principales puntos de inflexión en mi vida. No, mejor dicho, yo creo que fue EL PUNTO DE INFLEXIÓN; por eso he titulado este capítulo “El origen”.

De niña era una niña gordita a la que se le daban mal los deportes; aunque lista y muy aplicada, eso sí. Una hija casi perfecta (trabajadora, obediente, alegre, risueña, etc) y una nieta perfecta del todo (nunca dejaba nada en el plato 😉 ) . De adolescente seguía teniendo unos kilitos de más, pero seguía siendo brillante. Y llegué a la Universidad, donde dejé de tener unos resultados académicos tan excelentes, aunque esos kilos de más no se fueron con ellos 😦  . La verdad es que nunca me había planteado intentar cambiar mi cuerpo; siempre había sido así y asumía que así lo iba a ser siempre, y,  aunque hubiese preferido que mi físico fuese de otra forma, lo aceptaba tal y como era.

Pero a mis 20, algo cambiaría en mi vida que hizo que pasase por mi cabeza una imagen de mi cuerpo delgado y estupendo, el pasar de vivir en una residencia de estudiantes con un menú altamente calórico a compartir un piso de alquiler con 2 compañeras de clase. ¡Tenía en mis manos la posibilidad de dejar de ser gordita! ¡Lo quería! Y lo quería YA.

Y esta fue la fórmula aplicada y el resultado obtenido:

Perfección + Impaciencia + Fuerza de Voluntad  = Obsesión

Prohibí a mi madre que me preparase ningún tipo de comida en tupper. Empecé a reducir drásticamente la cantidad de calorías ingeridas y salía a correr cada día al terminar las clases. Calmaba la ansiedad con tabaco. En poco tiempo obtuve resultados significativos; todavía no tenía el valor de subirme a una báscula pero notaba que la ropa empezaba a quedarme grande. Y eso me animaba a limitar todavía más mi combustible,  con el fin de llegar a mi meta cuanto antes.

A los 4 meses, en Febrero, comenzó el primer periodo de exámenes y yo llegué con la batería al mínimo. Estaba muy débil. Sentía que un fracaso absoluto estaba a punto de llegar a mi vida; iba a suspenderlo todo, perdería el curso, me quedaría atrás con los chic@s de la siguiente promoción, los suspensos no gustarían a las empresas, nadie me daría trabajo, no tendría de qué vivir… ¡CATÁSTROFE!

Y caí en una DEPRESIÓN (hablaré de ello en otro post), hecho que ha marcado el resto de mi vida y que cargó mi mochila con diversos conflictos emocionales, algunos de ellos ya resueltos,  y otros que todavía perduran…

¡¡¡A POR ELLOS!!!

El mercader y el labrador (Parte I)

El mercader y el labrador (Parte I)

Érase una vez un mercader rico que vivía en una pequeña aldea. Se le daban bien los negocios y la suerte siempre había estado de su parte; por lo que disponía de una gran fortuna. Vivía con su mujer en una casa grande y señorial, con todo tipo de lujos y comodidades. Nunca les faltaba de nada de lo que pudiesen necesitar.

La pareja disponía de varios cocineros que, varias veces al día, les preparaban deliciosos y cotizados manjares (ricas verduras de temporada, grandes venados asados,  capones rellenos, dulces postres a base de los mejores frutos del bosque, etc); y que regaban con los mejores vinos del lugar.

En esa misma aldea vivía un desafortunado labrador con su esposa. Siempre se habían ganado su jornal vendiendo el grano en el mercado del poblado, sin embargo, en los últimos años, el suelo se había vuelto cada vez menos fértil, y,  poco a poco, cada día les era más difícil tener algo que vender para comprar una mísera hogaza de pan.

El labrador y su esposa se esforzaban porque las desdicha no acabase con su ilusión y felicidad.  Cada día salían de casa a buscar nuevas formas que les permitiesen conseguir que las tierras que habían heredado de sus padres volviesen a ser ricas y fértiles. En su camino circundaban las propiedades del afortunado mercader, y a través de las ventanas podían ver los festines que diariamente se daba el matrimonio.

En ocasiones el mercader se mostraba disgustado e irritado; si la comida no era de su gusto, si estaba demasiado fría o caliente, si el convite había comenzado con retraso, cuando sus muelas estaban doloridas, o si, simplemente, no tenían apetito. Pero los banquetes siempre tenían una característica y es que eran exquisitos y abundantes, muy abundantes. Y, cada día, una buena parte de los manjares allí servidos era desperdiciaba sin ninguna pena.

A veces, el mercader se asomaba a la ventana y daba consuelo al labrador y su esposa:

No desesperéis, muy pronto conseguiréis recuperar la fertilidad de vuestras tierras y tendréis un medio con el que comprar vuestro sustento. Poder disfrutar de estos manjares es lo mejor que me nos ha ocurrido nunca a mi esposa y a mí. Sin embargo, comer tanto es realmente agotador y con la barriga llena nos es difícil dormir, ¡y muchos días ni siquiera tenemos apetito!. Si hubiesemos sabido que iba a ser así, seguramente hubiésemos prescindido de algún que otro cocinero.

NOTA 1: Dedicado a todas las mamás y papás fértiles, ¡sed conscientes de lo afortunados que sois por cada uno de los días que podéis disfrutar de vuestros hijos!

NOTA 2:  Con este pequeño “cuento” me gustaría expresar con una parábola cómo nos sentimos los buscadores infértiles (en especial las mujeres, que para estas cosas somos más sensiblonas). No pretendo menospreciar a nadie, simplemente es para ejemplificar algo que mucha gente no puede llegar a comprender porque no se ha topado nunca con esta dificultad.

CONTINUARÁ….

Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Una de las cosas que más me gusta hacer cuando llega el buen tiempo es salir con mi bicicleta por los caminos circundantes a mi ciudad, aprovechando que alarga el día.

Tengo una bicicleta muy básica que compré en Decathlon hace unos 4 años.  Me costó 99€, y ya está más que amortizada. No tiene amortiguación y, como siempre ruedo por caminos, cuando estos son pedregosos  los brazos pican;  por contra, no me molesta el culete al día siguiente de una escapada, ¡y eso que no uso culotte!  (he debido hacer callo 🙂  ) El cambio de marchas tampoco va muy fino y a veces tengo que subir las cuestas en plato mediano. A pesar de todo, tengo cariño a mi bici y me gusta salir con ella a menudo, la mayoría de las veces sola y otras me acompaña M, como ayer.

Normalmente, mientras mis piernas pedalean, mi mente vuela, reviviendo el pasado e imaginando el futuro. Siento rabia por no poder cambiar lo que ya sucedió y me anticipo a lo que todavía no ha ocurrido. No paro de consumir pensamientos tóxicos. En ese espacio tan abierto mi alma no tiene límites, se siente libre.

Conforme crece la melancolía mi cuerpo se revela y se esfuerza más y más para demostrar a mi mente lo que es capaz de hacer; se siente obligado a reforzar mi autoestima. Y sólo de esta forma, consigo un equilibrio emocional.

Pero esta vez no iba a dejar volar a mi mente a su libre albedrío, le iba a marcar unos límites.

Ayer eran las ocho y pico de la tarde cuando salimos de casa en dirección a un santuario que hay en lo alto de un monte cerca de mi ciudad (cuando hablo de mi ciudad me refiero a una población de 18000 habitantes) . Comenzaba el ocaso.  A ratos, M y yo conversábamos de forma animada, otros ibamos uno detrás del otro, ocasiones para el libre pensamiento individual. Y esta vez obligué a mi mente a permanecer en el presente, escuché el sonido de las ruedas sobre el camino, sentí el frescor del aire rozar mi cara y mis brazos en los descensos y el calor de los últimos rayos de sol en los ascensos, observé los colores del ocaso. Fui consciente de lo especial que era ese día y lo delicioso que era compartirlo con la persona que más quiero.

Esta técnica de concentrar la atención del momento presente la aprendí en un taller al que asistí el pasado mes de Mayo. El concepto se denomina mindfulness y me gustaría leer más sobre ello. Conforme vaya  aprendiendo más cosas sobre el tema iré incorporando información al blog.

La mujer invisible

La mujer invisible

Si algo tienen los tratamientos de fertilidad es que limitan mucho tu vida. Durante los primeros días has de estar pendiente de inyectarte diariamente tus dosis de hormonas (que han de guardarse en la nevera) siempre a la misma hora, además, durante ese tiempo, unas 2 veces por semana, se han de seguir controles ecográficos en la consulta de tu ginecólog@, y finalmente, durante el resto del ciclo hasta la betaespera, debes hacer reposo relativo, comer, beber y comportarte como una embarazada. Apasionante 🙂

Hace unas semanas viajé sóla a Nueva York. Llevaba demasiados meses renunciando a muchos planes tanto personales como profesionales y, tras mi segunda IA, aproveché una oportunidad que surgió en mi trabajo y que, más o menos, cuadraba en mi calendario ovulatorio para tomarme un pequeño respiro.

 ¿sola? ¿a cruzar el charco? ¿en tu estado? ¿ y si estás embarazada?

Pero estaba completamente decidida; lo necesitaba. Todo esto estaba acabando con mi autoestima; me agobiaba el día a día, mi entorno, la rutina. Tenía mucha ansiedad.

Desde hace más de 7 años no tengo miedo a la soledad. La soledad no es algo que me guste, pero por circunstancias de la vida he tenido que aprender a estar sola (en otro post hablaré de ello).  Saber estar sola me ha hecho independiente y muy valiente. Por lo tanto, sabía que era completamente capaz de afrontar este reto y, lo que es más, lo iba a disfrutar a tope. Iba a ser una auténtica aventura.

En NY aproveché mi tiempo libre al máximo: cogí el ferry a Staten Island para hacerme fotos con Mrs. Liberty, visité la zona 0, crucé el Brooklyn Bridge (primero hacia un lado, luego hacia el otro), recorrí las calles de China Town y Little Italy, fui de compras, disfruté del ambiente de Times Square, subí al Top of the Rock en el Rockefeller Center, fui al Museo de Historia Natural, entré en la Estación Central, etc. Comí cupcakes, muffins, hamburguesas, sándwiches, m&m’s, … bebí cafés de medio litro… Pero, sobre todo, durante 5 días,estuve rodeada de desconocidos. Era anónima, era INVISIBLE.

Fuente: http://www.taringa.net/posts/imagenes/12584671/Marvel-Hecho-Por-Matt-Groening-Creador-De-Los-Simpsons.html

Una de las características de la mujer infértil es que tiende a evitar cada vez más las relaciones sociales. A mí me ocurre, y de forma muy acusada.  Una buscadora infértil sale a la calle y ve muchas embarazadas, mamás y niños, muchos niños. Primero es la vecina, luego la cajera del súper, luego tu prima, tu hermana, tu mejor amiga, repite tu vecina, repite tu prima, luego tu ex-compi del cole, repite tu hermana, etc.  Nueva llegada, nuevo brindis por la nueva suertuda. Y tu brindis nunca llega.

Pero en tu casa estás a salvo, allí no llegan las botellas de champín.  No es que te sientas feliz en casa, el problema sigue allí sin estar resuelto y sin saber si se va a poder resolver de la forma que te gustaría y/o cuando te gustaría, pero, al menos,  no sufres. Así que, poco a poco, cada vez eliges mas a menudo quedarte en casa.

En Nueva York no había vecinas, primas, cajeras del súper ni hermanas. Ni yo conocía las circunstancias de la que pasaba a mi lado ni ellas la mía. Veía embarazadas y mamás de las cuales no podía decidir si eran demasiado jóvenes o demasiado viejas, si tenían más hijos, si les había costado quedarse embarazadas o no. Ni siquiera las iba a volver a ver nunca más. Ellas tampoco iban a mirarme a mí pensando que se me estaba pasando el arroz, o que parecía que tenía dificultades para tener hijos; como mucho podrían pensar que tenía pintas de turista española. Allí desaparecían todos mis fantasmas.

A la vuelta de mi viaje, pronto volví a recuperar a mis antiguas enemigas, las emociones negativas. De nuevo el pánico a ir más allá de la puerta de mi casa. Volvieron la ansiedad, la angustia, la deseperación, el miedo, la tristeza.

Sin embargo, yo soy la misma en mi ciudad que en Nueva York. Pero…si puedo ser feliz en Nueva York, ¿por qué no puedo serlo en mi ciudad?

Desgraciadamente, ni soy Marvel Echo ni creo que el súper poder de hacerse invisible fuese bueno para una buscadora infértil, pero algo que sí que tengo que conseguir es corregir la forma en que proceso, actúo en consecuencia, guardo la información relacionada con la maternidad que me llega del exterior y posteriormente redirijo mi pensamiento.

Voy a recopilar información sobre técnicas para redirigir pensamientos y trataré de publicarlas en otro post una vez que las haya puesto en práctica para comprobar si son efectivas en mi caso.