La música que me da energía: Thunder (AC/DC)

La música que me da energía: Thunder (AC/DC)

Hoy es viernes, y mi primer día de ¡¡¡vacacioooooonnnnneeeeessssss!!! Y por eso hay que celebrarlo con un post lleno de positivismo y energía. Hoy quiero compartir una de las canciones que sonó durante el banquete de nuestra boda:

Track 4: Thunder (AC/DC)

Anuncios
La sexualidad durante la Reproducción Asistida, la gran olvidada

La sexualidad durante la Reproducción Asistida, la gran olvidada

Cuando comenzamos a buscar bebé, teníamos muchísima ilusión y motivación pensando en que el día menos pensado, en uno de esos románticos revolcones, engendraríamos a nuestro bonito churumbel. Estábamos recién casados y fantaseábamos acerca de cómo estaríamos en el plazo de un año: ¿ya habría nacido nuestro bebé o todavía estaríamos con la barrigota?

Yo acababa de dejar de usar el anillo vaginal; me lo había recetado el ginecólogo unos años antes al diagnosticarme Ovarios Poliquísticos ó Polifoliculares (les han llamado de todo ya), lo que ayudaría a regular mis reglas. Como no sabía qué sorpresa me tenía preparada mi aparato reproductor una vez que le dejase a su libre albedrío, por lo pronto mi cabeza optó por ofrecer una actitud optimista. Y con ese positivismo, empezamos a jugar a nuestra lotería particular comprando boletos con frecuencia 🙂

Pronto me di cuenta que allí algo no iba bien, las reglas tardaban muchísimo en venir. Visité a mi ginecóloga, quien me indicó que mis ciclos parecían ser anovulatorios. Y empecé a preocuparme por todas las cosas que podían estar mal en relación a mis ovarios.

Poco a poco el sexo dejó de interesarme tanto, porque yo lo veía como el medio para llegar a mi fin, y si ya no había posibilidad de fin, ¿para qué me servía el medio? Además, las jornadas laborales de más de 10 horas no nos ayudaban; siendo el cansancio la excusa perfecta para espaciar nuestros encuentros de pasión y desenfreno.

Y finalmente, en el momento en el que nos pusimos en manos de un especialista para que asistiese nuestra reproducción,  el sexo pasó prácticamente a un segundo plano. Resultaba paradójico que lo que en principio era la herramienta que conducía a nuestro objetivo, de golpe y porrazo se convirtiese en la gran olvidada.

Primero llegó a nuestras vidas el citrato de clomifeno con sus coitos programados, que cada mes incluían una semana fantástica para deshojar la margarita (hoy sí, mañana no, etc). La semana anterior nos la tomábamos de “vacaciones” para luego poder cogerlo con más ganas; y la de después, una vez deshojado el último pétalo de la margarita y con los deberes ya hechos, volvíamos a descansar aliviados de tanta presión.

Con nuestro primer embarazo llegaron las pérdidas y sus consiguientes recomendaciones médicas de evitar los encuentros sexuales. Y después, a raíz del aborto, surgieron los miedos a que el sexo pudiese dificultar el buen desarrollo de un embrión en caso de un nuevo embarazo. Así que, de ese momento en adelante, trataríamos de abstenernos una vez pasada nuestra semana fértil.

Y seguímos deshojando margaritas………

……….hasta que la cosa se tornó más seria y menos romántica ¡Ibamos a intentar que yo me quedase embarazada sin ni siquiera tocarnos! ¡Magia!

En los 2 meses que siguieron con ciclos de Inseminaciones Artificiales la frecuencia de los encuentros siguió disminuyendo; sumando los días previos de abstinencia necesarios para la buena calidad seminal y los días posteriores de guarda por nuestros miedos, nos quedaba pocos días para el disfrute.

Y hoy, en plena betaespera de nuestra primera FIV, disfrutamos de una maravillosa prohibición médica de mantener cualquier encuentro sexual hasta conocer el resultado.

¿CUANDO LA REPRODUCCIÓN ASISTIDA ENTRA POR LA PUERTA, EL SEXO SALE POR LA VENTANA?

¡No, me niego a pensar eso! Hay que tomar cartas en el asunto,  ¡ya! (bueno, cuando nos levanten el veto)

Seguiré hablando de este tema en otros posts (sin contar secretos de alcoba, está claro, jejeje)

Hematofobia

Hematofobia

Si parecían pocos todos los conflictos que se esconden dentro de mi cabecita, aquí hay uno más: soy hematofóbica. Y no es sólo que mire hacia el otro lado durante los 30 segundos que dura que una enfermera agarre mi brazo, ate la goma verde con tanta fuerza como si le hubiese quitado el novio, de golpecitos con su dedo sobre la venita hasta que ésta esté hinchada, pinche una aguja, extraiga la sangre, quite la aguja, apriete con un algodón y ponga una tirita. Para mí es un verdadero logro conseguir no desmayarme durante ese proceso (uff, sólo de pensarlo ya me estaban subiendo los calores). ¡Incluso me da pánico quitarme la minúscula tirita redonda al llegar a casa! De hecho, muchas veces en invierno, que no se me ve el brazo y no tengo que dar explicaciones, espero a que se caiga sola en alguna de las sucesivas duchas 😛

Hemofobia

No es miedo a las agujas, ni a los pinchazos ni al dolor , es verdadero pánico a la sangre humana. Soy capaz de inyectarme las hormonas de los tratamientos sin sentir una pizca de ansiedad, ver la sangre de los animales en una carnicería y pescadería, incluso manipular yo los productos crudos. Sin embargo, no necesito ver una sóla gota de sangre para que si alguien me habla de alguna experiencia en la que ésta esté presente y acto seguido yo me caiga larga al suelo.

La hematofobia es algo que siempre he querido superar, pero ha empezado a preocuparme más a raíz de empezar a buscar embarazo. En primer lugar porque un embarazo implica un parto y, en segundo lugar, porque necesito poder saber auxiliar a mis niñ@s cuando se me descalabren. Ya de paso, no me voy a olvidar de M, el pobrecito, que también podría ser que un día de estos tenga un pequeño accidente en casa y yo no llegue ni  a llamar al 112. Y el caso más importante, ¿qué pasa si me ocurre algo a mí estando sóla?

Considero que este miedo no nació conmigo, sino que lo adopté en algún momento posterior de mi vida. Recuerdo que de niña rasgué mi lengua con los dientes al tropezarme y caer cuando corría, un atrapón de los dedos con la puerta del coche, y ya de adolescente, una caida con una bici que no tenía frenos (sí, es verdad, poco talento tenía!!!!); pero no recuerdo haberme demayado en ninguna ocasión.

Muchas veces intento pensar en si hubo algún momento traumático en mi vida que hizo que surgiera ese temor. Yo creo que la primera vez que me ocurrió fue  tras la depresión, pero también es verdad que hasta entonces apenas me habían hecho analíticas de sangre y casi no había tenido oportunidades para que se manifestase. A veces pienso si es que mi mente se sentía segura con mi anterior cuerpo y, tras perder peso, empezó a sentirse débil ante cualquier alarma que advirtiese posibilidad de pérdida de sangre. Otras veces pienso si siempre he tenido esta fobia pero se intensificó durante los 3 años en los que estuve viviendo sola al igual que llegó el insomnio (en otro post hablaré de ello). Pero no soy capaz de encontrar la razón por la cual llegué hasta tal extremo de empezar a perder la consciencia un día que me hice una pequeñisima herida en un dedo cuando estábamos viviendo en Barcelona (punto más crítico de esta fobia no por sus grandes consecuencias sin por lo pequeño del incidente y por no ser capaz de mantener la calma hasta que M me pusiese una tirita).

Así que, hace ya aproximadamente 1 año, decidí que tenía que empezar a trabajar para superar este miedo y busqué la ayuda de un psicólogo. (En otros posts hablaré de técnicas para superar esta fobia y de cómo lo voy llevando)

Racionalizando pensamientos negativos durante la betaespera

Racionalizando pensamientos negativos durante la betaespera

Como comenté el martes, mis betaesperas se caracterizan porque mi cabeza se llena de pensamientos exageradamente negativos que no paran de torturarme. La realidad no es tan mala como yo la veo, pero los continuos intentos fallidos a lo largo de estos 20 largos meses han hecho que yo tenga una visión del proceso negativa y unas expectativas de fracaso.

Un intento fallido en un ciclo de RA me va a afectar según el modo en el que yo piense sobre ello, así que he de intentar modificar la forma en el que pienso ese dato objetivo, tratando de buscar un equilibrio entre las valoraciones positivas (tampoco es bueno verlo todo de color de rosa) y negativas que pueda hacer de los acontecimientos.

Voy a poner en práctica una técnica que me ayude a racionalizar estos pensamientos: la discusión de pensamientos. Intentaré usar el blog a modo de block de notas en cualquier otro momento cuando un pensamiento distorsionado me desestabilice, aplicando esta técnica.

Esta técnica trata de cuestionar la veracidad de nuestros pensamientos con unos sencillos pasos:

Pensamiento: Los embriones que obtuvimos en nuestra FIV son de mala calidad. El test de embarazo será negativo. Este intento es como tirar el dinero y nuestra energía a la basura. Los embriones van a ser siempre malos. No vamos a conseguir ser padres nunca.

Paso 1. ¿en qué medida me creo ese pensamiento? (Valorar de 0 a 100)

90

Paso 2. Emociones negativas que me produce ese pensamiento (Valorar cada una de ellas de 0 a 100)

Tristeza (80)

Ansiedad (100)

Rabia (80)

Paso 3. Confrontar el pensamiento, analizando la validez, utilidad y veracidad del pensamiento.

Una semana antes de la punción yo “predije” que me iban a cancelar el ciclo porque los folículos no crecían y no era capaz de producir óvulos viables. Sin embargo, quedó demostrado que mis pensamientos eran totalmente falsos, ni mucho menos se cumplió mi predicción.

En ningún sitio se especifica que no se pueda conseguir un embarazo si los embriones no son de alta calidad y tampoco que eso signifique que en futuros tratamientos nos fuese a ocurrir lo mismo.

El médico nos dijo que no le diésemos ninguna importancia y que los embriones aunque no eran de alta calidad eran buenos. Además, el día de la punción folicular nos explicó que de todos los embriones que se obtuviesen de los 12 óvulos no todos evolucionarían y por estadísticas a lo mejor sólo 1 podría dejarme embarazada. En ningún momento nos dijo que hubiese un problema ni que lo teníamos que cancelar porque no había ninguna probabilidad.

Yo no puedo predecir si algún día conseguiré ser madre o no, pero ya he conseguido quedarme embarazada 1 vez de forma natural, así que ahora de la noche a la mañana nuestra fertilidad no se va a ir al garete.

Las probabilidades de conseguir embarazo en este ciclo siguen siendo del 50%, nadie nos ha dicho que en nuestro caso sea inferior.

Si otra persona estuviese en mi situación le diría que al final es cuestión de intentarlo y tener un poquito de paciencia, no desesperar. Cuanto más se intenta más probabilidades hay de que salga bien y  que piense que en una de esas saldrá bien. También le diría que no se compare con los demás, que haga caso a los médicos que son los únicos que pueden evaluar su caso en particular y que son lo suficientemente profesionales como para luchar porque nuestro proyecto salga adelante y explicarnos los problemas que surjan con sinceridad.

En lugar de tal y como lo pienso ahora, la situación se podría interpretar como que estoy viviendo una nueva oportunidad para alzanzar nuestro sueño.

Este pensamiento no me ayuda ya que me crea ansiedad y angustia y hace que el tiempo hasta el día del test de embarazo sea lento y doloroso. Que yo piense que salga bien o mal no va hacer que cambie el resultado.

Si finalmente ocurriese el que sea un intento fallido lo único que pasaría es que tendríamos que volver a comenzar un nuevo ciclo desde el principio y gastaríamos otro pico más. Sin embargo, ahora los médicos conocen mi cuerpo y cómo respondo al tratamiento, con lo que para la próxima pueden hacer un tratamiento a medida para mí. Además, ya tengo la experiencia, conozco todos los pasos y los sé superar todos sin problemas. Ya sabemos que tengo muchos óvulos, y que fecundan sin problemas. Sólo es cuestión de un par de meses más.

Paso 4. Y ahora, ¿en qué medida me creo ese pensamiento? (Valorar de 0 a 100)

50

Paso 2. Volver  a valorar las emociones negativas que me produce (Valorar cada una de ellas de 0 a 100)

Tristeza (80)

Ansiedad (50)

Rabia (40)

Bueno, pues parece que sí que me sirve, ¿no? ¡¡¡Leeré este post cada vez que vuelva a mi cabeza ese pensamiento dinamitadizador!!!

 

Capítulo 4: Corazón partío

Capítulo 4: Corazón partío

Capítulos previos: el origen, la depresión, las consecuencias

Poco después del descubrimiento de que iba a necesitar una dieta eterna, en el verano de 2003, conocí a mi anterior pareja. Yo era becaria en la empresa en la que trabajo hoy en día y estaba preparando mi Proyecto Fin de Carrera. Todo era perfecto: ya no vivíamos en casa de nuestros padres, estábamos en la misma ciudad con lo que podíamos vernos todas las tardes-noches y ambos teníamos independencia económica para poder salir a cenar fuera o hacer una escapada de fin de semana. ¿qué más se podía pedir?

La relación era perfecta y estábamos muy enamorados, así que al año y medio (durante el verano del 2005) decidimos que ya era hora de dar un paso más y comenzar a vivir juntos. Esos 2 años yo había estado viviendo en un piso compartido con otras chicas y él en un piso de su propiedad, así que fui yo la que cogí mis bártulos y me instalé en su casa. Al principio la convivencia era estupenda, no discutíamos nunca y nos llevábamos muy bien. Sin embargo, poco a poco las cosas empezaron a cambiar…

Él empezo a obsesionarse por hacer deporte y ponerse cachas. Se montó un gimnasio en una habitación de la casa y todos los días pasaba de 1 a 2 horas en ella. Los fines de semana salía con la bici de carretera,  se apuntaba a carreras con la bici de montaña o practicaba ski de fondo. Sólo quería comer pasta fresca con salsa de tomate, pechugas de pavo a la plancha y tortillas hechas únicamente con clara de huevo. Además tomaba litros y litros de batidos hechos con polvos de botes de 5kg que adquiría en Internet y que decían ser proteínas.

Llegó un punto en el que decidimos que era mejor que cada uno se preparase su propia comida. Cuando se acababan sus víveres, él se pasaba por el supermercado si no lo había hecho yo antes, pero de mis víveres sólo me preocupaba yo.

Él era muy solitario y no tenía ningún amigos “autóctonos”; yo era hija adoptada del municipio con lo que tampoco conocía a nadie allí, así que siempre estábamos solos.

Pronto dejó de querer venir con mi grupo de amig@s y de acudir a las comidas con mi familia (en otra ciudad) los fines de semana.  Cuando no era temporada de ski o no había programada una carrera, prefería quedar con un par de amigos de fuera, coger el coche e irse a una famosa discoteca hasta altas horas de la mañana. Así que cuando llegaba el viernes me preguntaba: ¿qué vas a hacer este fin de semana? Y el domingo cuando volvía de casa de mis padres: ¿qué tal te ha ido?

Él amueblaba su casa a su gusto, y yo ahí poco tenía que decir, era su casa y su dinero. Yo no sentía que su casa fuese mi estación base donde tener mis cosas, así que, en pleno auge de la burbuja inmobiliaria, decidí comprarme mi propio apartamento cerca de casa de mis padres, con la finalidad de que él se animase a compartir los fines de semana conmigo. Elegí un apartamento de 2 habitaciones que, visto hoy en día, tenía un precio exageradamente alto, y entregué una pequeña entrada como fianza hasta que terminase su construcción.

En Enero de 2008 salí de viaje por trabajo con otros compañeros durante 12 días. Durante el viaje ellos llamaban a sus novias y mujeres diariamente, no paraban de hablar de ellas, les compraban regalos, en resumen, las echaban de menos; sin embargo, yo no veía que mi pareja sintiese lo mismo. A la vuelta del viaje le pedí que viniesea a buscarme a la estación de autobuses para ayudarme con las maletas, a lo que él me contestó: Si te lo paga la empresa, ¿por qué no te coges un taxi? Y allí me di cuenta de que no merecía la pena sacrificar el deseo de ser madre para sostener esa relación.

Él no quería tener hijos. Su vida era confortable tal cual era y no tenía necesidad de cambiarla. Su padre le había dejado un negocio con el que había hecho mucho dinero y consideraba que tenía la vida resuelta. Si quería hacer deporte se montaba un gimnasio en casa;  si quería tomar el sol compraba una lámpara de rayos UVA, si le apetecía hacer escalada, mandaba a un empleado de su empresa a hacerle un rocódromo. No deseaba gente a su alrededor a las que tuviera que atender, necesitaba ir a su aire, ser independiente. Por lo tanto, tener hijos no estaba dentro de sus planes de vida, y yo creo que tampoco tener una pareja , al menos en la forma en que yo lo deseaba.

Únicamente durante el último año de relación él me confirmó su negación de la paternidad. Durante los primeros años eramos jóvenes y ni siquiera nos lo planteábamos, más él decidió ocultar (creo yo) ese dato para que yo no saliese por patas. Más tarde, cuando la relación ya estaba bastante avanzada, debió de sentirse un poco traidor y empezó a hacer comentarios puntuales insinuando que no lo tenía del todo claro, pero yo no preguntaba por no escuchar lo que mis oídos no querían oir, asumiendo que era un tema de inmadurez y que cambiaría con el tiempo.

El tema niños era un tema tabú en nuestra relación, hasta que un buen día me armé de valor, rechacé la felicidad del ignorante y le pregunté sin rodeos. Y fue entonces cuando supe la verdad verdadera: él no iba a darme ningún hijo.

Así que en Febrero de 2008, tras volver de mi viaje revelador, decidí romper la relación y aborté la operación de compra del apartamento. Él se sintió herido y me reprochó que priorizase mi instinto maternal a mi amor por él, pero esa relación no tenía ya ningún sentido para mí, ni con hijos ni sin ellos.

Él es un buen chico y no le guardo ningún rencor, al revés, le deseo todo lo mejor, pero él no era la pareja que yo buscaba. Ojalá él haya encontrado o encuentre algún día una persona que encaje en su vida al igual que yo la he encontrado.

La betaespera

La betaespera

Hace 2 semanas hablaba de que había comenzado primer ciclo de FIV. Ayer fue el día de la transferencia de embriones y comenzó la larga betaespera, la tercera “oficial” desde comencé los TRAs, y mi 9ª si cuento los ciclos que hice con Omifin.

El viernes, día de la captación de ovocitos, fue un día con final feliz: habíamos obtenido un número considerable de óvulos (12) y una buena calidad espermática. El sábado las buenas noticias continuaron: 9 de los 12 habían fecundado, los otros 3 no estaban maduros, pero ¡9 era un número perfecto! Y empezó la euforia: llamamos a nuestros familiares y empezamos a fantasear sobre  equipos de baloncesto embrionarios, congelación para futuros intentos, etc; lo que realimentó nuestro positivismo y euforia. Teníamos esperanza en que esta ya sería la definitiva, aunque nos tuvieran que hacer varias transfers. Pero las cosas no podían salir tan bien, la autovía hacia nuestro destino no fue más que un espejismo; el camino pedregoso lleno de curvas y cuesta arriba seguía estando allí: ayer, justo antes de la transfer,  únicamente quedaban 2 embriones de calidad media. Y caí desde las alturas a las que habíamos subido durante el fin de semana. Volví a derrumbarme.

Hoy los 2 embrioncitos ya están dentro de mí, o quizás hayan estado y ya se hayan ido, o quizás estén pero se irán en unos días, o en el mejor de los casos, permanecerán para siempre, pero eso no lo sabremos hasta el 3 de Agosto, día en que tengo programado el test de embarazo en sangre.  No sé lo que pasará, pero sí sé que me encuentro desperanzada, como lo he estado en las otras 2 betaesperas “oficiales”. Soy pesimista (más aún, catastrofista) por naturaleza y siempre doy por supuesto que va a salir mal. Es difícil de explicar lo que me pasa, pero parece que solamente me siento contenta a la vista de las oportunidades, y una vez que esas oportunidades llegan, en lugar de sentirme esperanzada e ilusionada, me siento derrotada y deseando que llegue una nueva oportunidad, anticipando un resultado negativo de esa ocasión que acaba de llegar.

Me resulta difícil encontrar un equilibrio que no me haga sufrir.  Pero…¡no puedo prescindir de lo positivo para protegerme de las caídas! Necesito ilusionarme y sentir esperanza, pero he de conseguir que eso no me haga ser demasiado positiva ante una buena noticia, perdiendo la objetividad y creando grandes expectativas. Necesito saber frenar mi mente y voy a buscar el modo de hacerlo.

¡ODIOSA BETAESPERA!

Estoy enamorada

Estoy enamorada

Hace ya 5 años, 6 meses y 25 días que conozco a M y puedo decir que es lo mejor que me ha pasado en esta vida. Llegó en un momento en el que tenía poca fe en que alguna vez fuese a encontrar mi media naranja. Yo tenía muy claros los valores que buscaba en la persona que había de acompañarme el resto de mi vida, pilares básicos sobre los que sostener una relación, y, si no podía encontrarlos en nadie, prefería continuar mi vida en solitario. Y un 26 de Diciembre, le conocí.

animals-1320796_640

Hoy sigo tan enamorada o más que el primer día. Adoro su forma de ser, sus virtudes (que son muchas) e incluso sus defectos (algunos que otros). M es inteligente, cariñoso, educado, amable, prudente, humilde, tranquilo, pragmático, metódico, nada materialista, amigo de sus amigos, muy familiar, y… ¡guapo, por supuesto!, (para mí lo es muchísimo). En contrapartida es un poco perezosete y necesita un poco de impulso para lanzarse a hacer las cosas, creo que ese es su principal defecto.

Me derrito de amor al verle hacer incluso las cosas más cotidianas de este mundo; adoro muchos de sus gestos ( por ejemplo, me chifla cómo remueve la cucharilla del café!!!). A veces me siento como una adolescente enamorada y como una madre orgullosa a la vez. Me encantan sus soluciones ingeniosas a cualquier improvisto que pueda surgir, cuando usa mis cosas como si fuesen suyas y la felicidad con la que anuncia las novedades que aparecen en nuestra vida en común. Me gusta cuando se proclama con orgullo “cabeza de familia” (el cabezón de la familia que le digo yo). Me encanta…. ÉL

Dedico este post a M, seguidor incondicional de este blog, y que se pone loco de contento cuando escribo algo acerca de él, lo que a mí me emociona enormemente. Me gusta que él quiera sentirse partícipe de este proyecto, de mi vida y que le guste que yo lo exprese libremente.