El apoyo de mi pareja durante la Reproducción Asistida

El apoyo de mi pareja durante la Reproducción Asistida

La semana pasada escribía acerca del apoyo de terceras personas durante los tratamientos de Reproducción Asistida y dejaba para otro post lo relativo a la pareja. Bueno, pues aquí va…

Durante los distintos TRA por los que he pasado, M es la persona en la que me  he apoyado en los momentos de bajo estado de ánimo; cuando he llorado de rabia y desconsuelo, cuando me he enfadado por el trato recibido en la sanidad pública, cuando he estado ansiosa e impaciente porque he tenido que esperar todavía un mes más, cuando he tenido miedo a las agujas, cuando he deseado ser la mujer invisible... Él siempre ha estado  a mi lado. Es lógico pues en el fondo ambos vamos en la misma barca, remando con fuerza hacia un mismo destino. Sin embargo, no ha sido hasta hace aproximadamente un mes  que verdaderamente siento que estamos en casi completa sintonía, que por fin remamos sincronizados.

Ya he comentado en otros posts que soy muy impaciente y que en mi cabeza hay instalado un reloj biológico de la maternidad. Mi cabeza le da mil vueltas a las cosas que me preocupan en bucle infinito, me obsesiono. M es todo lo contrario, tranquilo, paciente y muy pragmático. Yo funciono en modo multitarea, gestionando todos los contextos a la vez y él en modo secuencial – cuando ha de hacer algo cambia el  contexto y marchando! Yo solía interpretar su sosiego como desidia, y decidía estimular su intranquilidad para intentar que se uniese a mi movimiento, y es entonces cuando emergieron nuestros primeros conflictos.

Cuando se alteran mis emociones me vuelvo muy irracional, todo resulta ser una catástrofe, me enfado y la rabia hace que salgan de mi boca palabras que mi corazón no siente, palabras derrotistas e incluso de desprecio hacia mí ser. Al principio M venía a mí, e intentaba racionalizar todas esas cosas; usaba un tono que yo interpretaba como de enfado, de reproche, y me explicaba por qué yo no debía sentirme así. Yo lo interpretaba como una regañina, y eso me hacía sentir que yo tenía pensamientos y sentimientos equivocados y que debía reprimirlos; y me sentía culpable por sentirme así. Después  llegaba el llanto desconsolado. M ya no sabía qué recursos utilizar de los que él conocía: el diálogo y la racionalización; si esos no habían funcionado, lo único que le quedaba era no hacer nada. Y eso es lo que finalmente hacía, si bien habiendo dicho previamente:

De verdad, yo ya no sé cómo ayudarte,

lo que generaba en mí más llanto desesperado.  Después de unas horas de ambiente tenso, yo pedía perdón a lo rey Juan Carlos:

Lo siento, no volverá a ocurrir,

a lo que él respondía

No te preocupes

Besos. Abrazos. Y yo me apuntaba los deberes “tengo que reprimir mis sentimientos para que mi marido esté contento”. Pero el conflicto quedaba sin resolver,  y la situación volvía a repetirse.

El tema de querer ser la mujer invisible también es algo que ha generado alguna que otra chispa. M no entendía mi asislamiento social ni que sufriese estando con niños y mamás si tanto deseaba tener un bebé. Él no se afligía por no poder hacer su propio brindis y nunca podía imaginar que yo sufriese por no poder hacerlo. Eso hacía que inicialmente no respetase mis límites hasta los cuales yo podía llegar, me judgaba y me sugería cambios. Yo deseaba satisfacerle, hacía de tripas corazón y me lanzaba a todo reto emocional que surgiese con la finalidad de demostrarle que yo podía con todo eso y más, cuando lo único que conseguía era hipotecar mi tiempo libre a cambio de realimentar mi sufrimiento.

Y él me apoyaba, nos apoyábamos, pero basándonos únicamente en el amor y el cariño. Nos faltaba sentir empatía el uno del otro.

Hay 2 cosas que hemos hecho y que nos ha venido muy bien para limar esas pequeñas asperezas:

  • leer el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” de John Gray. Este libro explica muchas cosas acerca de la relación de hombres y mujeres con el otro sexo , ofreciendo muchos consejos a ambos para mejorarlas;
  • asistir a una charla para parejas en TRA, donde una psicóloga analizó distintos aspectos que se ven afectados en una pareja que está pasando por  procesos de reproducción asistida;

Y después de eso yo creo que por fin comprendemos la forma de sentir y comportarse del otro,  conocemos y respetamos sus límites emocionales  y sabemos cómo actuar en las distintas situaciones sin crear frustación. Yo sé que él desea un hijo tanto como yo, aunque no lo diga cada día y a cada hora. Me atrevo a expresar mis sentimientos sin miedo a ser judgada o a recibir una regañina. No recibo críticas por rumiar mis problemas, sino que veo una mano que me ayuda a salir de la rueda. No me siento obligada a hacer cosas que me ponen triste para satisfacerle….

Nuestros sentimientos son LIBRES por fin.

 

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