La felicidad del ignorante

La felicidad del ignorante

¡Qué levante la mano el que ha corrido a ver el resultado de un examen segundos después de que el profesor colgase la lista en el tablón de anuncios de la Universidad! ¡o la que no ha podido esperar a hacerse la beta y 2 días antes ya ha probado a ver si se veía la segunda rayita de un test de embarazo!

¡Señores y señoras! Aunque no lo creáis, aunque mi marido crea que soy la persona más impaciente del Universo…. yo suelo meditar acerca de cuándo es el mejor momento conocer ese dato y prefiero esperar a ese mejor momento, aunque me coma la incertidumbre.

Hace mucho tiempo que pienso que soy adicta a la protección emocional. Me cuesta enfrentarme a los eventos fortuitos que causan dolor. Me considero una persona pesimista, y eso hace que ante un dato incierto, siempre tienda a pensar que se resolverá como negativo y por lo tanto me causará dolor.

Me he acostumbrado a vivir la duda y la incertidumbre como un estado confortable, y a prolongarlo al máximo siempre que he podido.

Creo que la primera vez que fui consciente de mi adicción fue cuando rompí mi relación con mi anterior pareja y me di cuenta de todos los años que había vivido sin hablar las cosas con sinceridad. Tenía miedo a saber la verdad, porque la verdad me haría sentir la necesidad de tomar decisiones drásticas muy dolorosas. Y aprendí a vivir en la ignorancia y sobre ella construía mi propia interpretación de la realidad. Pensaba que las cosas serían como yo quería que fueran y me negaba a saber cómo realmente eran. Vivía en un eterno Carnaval.

Creo que ye mejorado muchísimo en este aspecto. Poco a poco voy aprendiendo que prolongar el conocer una realidad negativa no me hace sufrir menos, al contrario, sufro 2 veces: el periodo de incertidumbre y después el de duelo. Sin embargo, creo que en ocasiones todavía no consigo salir de la zona de confort de la ignorancia.

 

 

Anuncios