Capítulo 5: La soledad

Capítulo 5: La soledad

Capítulos previos: el origen, la depresión, las consecuencias, corazón partío

Tras la ruptura sentimental tuve que tomar unas cuantas decisiones, pero la más urgente e importante era la del sitio donde iba a ir a vivir a corto plazo (recordemos que yo estaba viviendo en su casa y, para más inri, su hermana vivía en el piso de debajo suyo). No quería volver a vivir en una habitación de un piso compartido ni volver a casa de mis padres, a 60km de mi puesto de trabajo, pero en el punto álgido de la burbuja inmobiliaria los alquileres no eran nada baratos y no quería precipitarme y firmar un contrato de alquiler para un año entero sin mirar bien las opciones que tenía. Finalmente me decidí por buscar una habitación temporal en la que pudiese entrar a vivir la semana siguiente y poco a poco mirar una alternativa mejor.

Una semana después ya tenía alojamiento acordado y me había instalado en mi nueva habitación. Luego, poco a poco, empecé a trasladar mis cosas en mi pequeño coche utilitario cuando él no estaba en casa. Una vez sacado todo, llamé a su familia para despedirme y allí acabó todo.

Los meses que siguieron fueron difíciles. Cuando me levantaba por la mañana me sentía fuera de lugar. Intentaba pasar la mayor parte del día en el trabajo y, cuando volvía a casa, me iba directa a mi habitación. Salía a cenar al salón y estaba rodeada con gente desconocida, me encontraba extraña.  No podía lavar la ropa cuando lo necesitaba pues debía esperar a que el tendedor estuviese libre, también había que coordinarse para cocinar y no siempre encontrabas tazas limpias para el desayuno. Los fines de semana iba a casa de mis padres y los domingos cuando volvía era un momento muy triste.

Me encontraba muy sola. En esos 4 años no había hecho amigos; mi ex-pareja era muy solitaria y apenas habíamos vida social, así que apenas había tenido oportunidad de relacionarme con otras personas. Así que dejé a un lado mi timidez y empecé a apuntarme a todas las actividades y quedadas de un grupo que se había formado en el curso de inglés de la Escuela Oficial de Idiomas.

Precisamente fue una amiga de la EOI quien me dijo que su vecino tenía un apartamento en alquiler en el centro. Era mi oportunidad de trasladarme a un sitio más cómodo y que, además, me ofrecía sentirme arropada por unos amables vecinos y amigos. A los pocos meses me trasladé a ese apartamento.

En mi apartamento de soltera me encontraba mucho mejor, pero seguía estando muy muy sola. De domingo por la noche a viernes por la tarde prácticamente no me relacionaba con nadie; no tenía ni familiares ni amigos íntimos a quien recurrir con confianza. Seguía con mis clases en la EOI, me apunté a actividades en la piscina climatizada e iba al taller de una modista a que me enseñase a coser, todo con el fin de tener todo mi tiempo ocupado.

Sufrí mucho insomnio en esa época. Cuando abría los ojos por la noche deseaba que fuesen más de las 6 de la mañana, porque me era muy difícil poder volver a conciliar el sueño. Hoy pienso que era mi modo de estar alerta, mi subconciente debía sentirse desprotegido.

En una ocasión me puse enferma, unos pinchazos horribles en la boca del estómago aparecían en cadencia. No podía moverme para bajar a coger el coche e irme a urgencias. Todavía hoy me puedo ver tumbada encima de la cama sin poder moverme. Al día siguiente ya pude ir al hospital. Diagnóstico: gastritis. Ese día me sentí muy desamparada.

Esos 3 años fueron muy duros, pero me hicieron volverme muy fuerte. Aprendí a ser totalmente independiente, a hacer todas las cosas yo sola y saber que no necesitaba a nadie para salir adelante.

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