¡¡¡Feliz Cumple-Blog!!!

¡¡¡Feliz Cumple-Blog!!!

Y 584 + 366 días después sigo aquí, con una mochila muchísimo más pesada, varios tratamientos más a mis espaldas y un reloj que no para de hacer TIC-TAC-TIC-TAC-TIC-TAC….tu tiempo pasa….

¡Hoy mi blog cumple su primer añito!

 

first-birthday-309189_640

 

Este año ha sido muy duro, muchísimo, pero mi querido blog me ha ayudado a desahogarme, a reflexionar, a discutir algunos pensamientos irracionales, a poner en practica los consejos de mi psicóloga, a compartir pequeñitas píldoras de alegría en forma de la música que más me gusta, a ser consciente de que tengo muchísimas cosas buenas, a descubrir experiencias desconocidas, a vivir el presente aunque sea con dolor, a conectar con otras chicas en mi misma situación…

Pero sobre todo, este espacio me ha permitido expresar mis sentimientos de una forma sincera y ordenada, sentimientos crudos, sin ningún tipo de condimento. Abrirme de esa forma ha facilitado el encuentro conmigo misma pero sobre todo alcanzar una gran compasión mutua con mi pareja.

¡¡¡FELICIDADES, MI MOCHILA EMOCIONAL!!!

 

En ocasiones pierdo la paciencia, pero no soy impaciente.

En ocasiones pierdo la paciencia, pero no soy impaciente.

M suele decirme que soy impaciente. Él normalmente actúa con prudencia y cuida mucho sus críticas hacia mí, así que es una de las pocas calificaciones negativas que he recibido de él, probablemente la única seria y que le resulta más molesta. Sin embargo, si alguien me preguntase cómo soy, creo que “impaciente” no sería uno de los adjetivos que utilizaría para mi autoretrato.

La etiqueta de “impaciente” es algo que yo he adoptado a raíz las circunstancias que han hecho que tuviese que rehacer mi vida sentimental y empezar desde 0 a una edad en la que otras chicas ya están empezando a tener niños. Dichas circunstancias han hecho que sintiese preocupación y ansiedad al escuchar el tic-tac amenazador del reloj biológico de la maternidad. Y desde entonces me he quedado con una definición absoluta e irremediable: “siento impaciencia, luego soy impaciente”.

Dicha categorización hace que ante el largo proceso de la Reproducción Asistida me vea incapaz de vivirlo sin sufrimiento, creando pensamientos y emociones irracionales: “Si soy impaciente, soy incapaz de esperar 2, 3 ó 5 años hasta conseguir mi meta, me cansaré de luchar y desistiré mucho antes. Así nunca conseguiré mi objetivo. No puedo esperar tanto, lo voy a pasar muy mal mientras llega mi anhelado deseo. Me siento débil y desmotivada.”

Pero ser impaciente sólo es una calificación parcial de mí misma. Puedo demostrar que soy capaz de no perder la paciencia y que lo he hecho en numerosas ocasiones:

  • He estudiado una carrera durante 5 largos años. He tenido la paciencia de preparar con esmero cada práctica y cada prueba.
  • No me gusta que me den los regalos antes de mi cumpleaños, ni que me desvelen la sorpresa. Me gusta esperar a que llegue el día.
  • En ocasiones, tengo que repetir varias veces la misma explicación a algunos compañeros de trabajo, y en ningún momento pierdo la paciencia.
  • Soy capaz de viajar en avión durante más de 10 horas sin sentir ansiedad.
  • Me propongo objetivos a largo plazo.
  • etc

Sé que soy capaz de controlar mi ansiedad ante el pensamiento de que nuestro bebé todavía no llega. He demostrado en otras ocasiones que sé ser paciente. Si he podido en el pasado, puedo hacerlo esta vez también.

BYE, BYE, ETIQUETAS: ¡¡¡NO SOY IMPACIENTE!!!

 

Mens sana in corpore sano

Mens sana in corpore sano

La primera cosa que hice cuando me enteré de que no estaba embarazada (una vez que terminó el llanto desconsolado) fue abrirme un refrescante botellín de cerveza bien frío. A la mañana siguiente,  M y yo salimos con nuestras bicicletas hasta un Santuario que hay cerca de mi ciudad.  Echaba muchísimo de menos hacer deporte.

Lo curioso es que soy una persona que reconoce que no le gusta hacer deporte. Bueno, eso tampoco es verdad, no me gustan la mayoría de los deportes, salir en bicicleta o hacer caminatas por el campo o la montaña sí me gusta. Entonces, ¿cómo lo echaba tanto de menos si no me gusta hacer deporte?

Cuando pienso sobre esto me pregunto si a la gente que reconoce ser un apasionado del deporte lo que realmente le gusta es el deporte en sí o lo bien que uno se siente después de practicarlo. ¿puede ser que a alguien le guste sufrir por el esfuerzo, sudar, pasar sed, cocerse de calor en verano y congelarse de frío en invierno o tener el corazón a 180 pulsaciones/minuto? Si es así, lo respeto pero no lo comprendo.

A mí lo que me gustan son las sensaciones buenas que me produce el hacer deporte: sentir que cada día estoy más fuerte y me supero, que hago deporte regularmente y eso es bueno para mi salud, que soy capaz de correr durante 40 minutos sin tener agujetas al día siguiente, que subo ágilmente las escaleras de casa de mis padres cuando se estropea el ascensor, que puedo aguantar una caminata de montaña de 8 horas sin sufrir. Me encanta la sensación de beber un vaso de agua fresquita cuando vuelvo de correr, la ducha refrescante que le sigue y el saborear después una cena saludable sabiendo lo bien me la he ganado. Me gusta sentirme en forma.

Necesito el deporte, me motiva, pone en movimiento el resto de aspectos de mi vida. Ya hace más de 10 años que no he dejado de practicar deporte de forma regular: running, natación, aquagym, step, aeróbic, spinning, bicicleta de montaña, caminatas, bailes de salón y latinos. El reloj biológico para deporte es uno de los relojes biológicos que hago funcionar muy bien ahora que soy joven y no tengo hijos que copen todo mi tiempo. Aunque no tengo intención de dejar de hacer deporte nunca (espero no tener que detener ese reloj jamás), he de aprovechar ahora que mis huesos, músculos y articulaciones me permiten hacer todo aquello que me produzca esa sensación placentera de sentirse en forma.

Para este año me he puesto como objetivo el entrenarme para correr una 10Km. Tengo que ir parando intermitentemente, según lo requieran los ciclos de los tratamientos de fertilidad, lo que me hace perder un pelín de forma en el intervalo durante el que estoy en stand-by, pero al menos, tras el negativo, retomo mi rutina para conseguir mi objetivo, una meta que con esfuerzo podré llegar a alcanzar.

Hoy nos vamos de vacaciones a la Costa Brava. Espero que M y yo podamos salir a correr por la playa y que las olas y la brisa del mar nos acompañen. Lo disfrutaremos, porque somos unos luchadores y nos lo merecemos.

El apoyo de mi pareja durante la Reproducción Asistida

El apoyo de mi pareja durante la Reproducción Asistida

La semana pasada escribía acerca del apoyo de terceras personas durante los tratamientos de Reproducción Asistida y dejaba para otro post lo relativo a la pareja. Bueno, pues aquí va…

Durante los distintos TRA por los que he pasado, M es la persona en la que me  he apoyado en los momentos de bajo estado de ánimo; cuando he llorado de rabia y desconsuelo, cuando me he enfadado por el trato recibido en la sanidad pública, cuando he estado ansiosa e impaciente porque he tenido que esperar todavía un mes más, cuando he tenido miedo a las agujas, cuando he deseado ser la mujer invisible... Él siempre ha estado  a mi lado. Es lógico pues en el fondo ambos vamos en la misma barca, remando con fuerza hacia un mismo destino. Sin embargo, no ha sido hasta hace aproximadamente un mes  que verdaderamente siento que estamos en casi completa sintonía, que por fin remamos sincronizados.

Ya he comentado en otros posts que soy muy impaciente y que en mi cabeza hay instalado un reloj biológico de la maternidad. Mi cabeza le da mil vueltas a las cosas que me preocupan en bucle infinito, me obsesiono. M es todo lo contrario, tranquilo, paciente y muy pragmático. Yo funciono en modo multitarea, gestionando todos los contextos a la vez y él en modo secuencial – cuando ha de hacer algo cambia el  contexto y marchando! Yo solía interpretar su sosiego como desidia, y decidía estimular su intranquilidad para intentar que se uniese a mi movimiento, y es entonces cuando emergieron nuestros primeros conflictos.

Cuando se alteran mis emociones me vuelvo muy irracional, todo resulta ser una catástrofe, me enfado y la rabia hace que salgan de mi boca palabras que mi corazón no siente, palabras derrotistas e incluso de desprecio hacia mí ser. Al principio M venía a mí, e intentaba racionalizar todas esas cosas; usaba un tono que yo interpretaba como de enfado, de reproche, y me explicaba por qué yo no debía sentirme así. Yo lo interpretaba como una regañina, y eso me hacía sentir que yo tenía pensamientos y sentimientos equivocados y que debía reprimirlos; y me sentía culpable por sentirme así. Después  llegaba el llanto desconsolado. M ya no sabía qué recursos utilizar de los que él conocía: el diálogo y la racionalización; si esos no habían funcionado, lo único que le quedaba era no hacer nada. Y eso es lo que finalmente hacía, si bien habiendo dicho previamente:

De verdad, yo ya no sé cómo ayudarte,

lo que generaba en mí más llanto desesperado.  Después de unas horas de ambiente tenso, yo pedía perdón a lo rey Juan Carlos:

Lo siento, no volverá a ocurrir,

a lo que él respondía

No te preocupes

Besos. Abrazos. Y yo me apuntaba los deberes “tengo que reprimir mis sentimientos para que mi marido esté contento”. Pero el conflicto quedaba sin resolver,  y la situación volvía a repetirse.

El tema de querer ser la mujer invisible también es algo que ha generado alguna que otra chispa. M no entendía mi asislamiento social ni que sufriese estando con niños y mamás si tanto deseaba tener un bebé. Él no se afligía por no poder hacer su propio brindis y nunca podía imaginar que yo sufriese por no poder hacerlo. Eso hacía que inicialmente no respetase mis límites hasta los cuales yo podía llegar, me judgaba y me sugería cambios. Yo deseaba satisfacerle, hacía de tripas corazón y me lanzaba a todo reto emocional que surgiese con la finalidad de demostrarle que yo podía con todo eso y más, cuando lo único que conseguía era hipotecar mi tiempo libre a cambio de realimentar mi sufrimiento.

Y él me apoyaba, nos apoyábamos, pero basándonos únicamente en el amor y el cariño. Nos faltaba sentir empatía el uno del otro.

Hay 2 cosas que hemos hecho y que nos ha venido muy bien para limar esas pequeñas asperezas:

  • leer el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” de John Gray. Este libro explica muchas cosas acerca de la relación de hombres y mujeres con el otro sexo , ofreciendo muchos consejos a ambos para mejorarlas;
  • asistir a una charla para parejas en TRA, donde una psicóloga analizó distintos aspectos que se ven afectados en una pareja que está pasando por  procesos de reproducción asistida;

Y después de eso yo creo que por fin comprendemos la forma de sentir y comportarse del otro,  conocemos y respetamos sus límites emocionales  y sabemos cómo actuar en las distintas situaciones sin crear frustación. Yo sé que él desea un hijo tanto como yo, aunque no lo diga cada día y a cada hora. Me atrevo a expresar mis sentimientos sin miedo a ser judgada o a recibir una regañina. No recibo críticas por rumiar mis problemas, sino que veo una mano que me ayuda a salir de la rueda. No me siento obligada a hacer cosas que me ponen triste para satisfacerle….

Nuestros sentimientos son LIBRES por fin.

 

TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC

TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC

Fue allá por el 2008, tras una dolorosa ruptura sentimental, durante una tarde de invierno (probablemente, no recuerdo con precisión la época exacta) en la que mi hermana me empujó a salir de casa en un intento por levantar mi ánimo. Nos fuimos a un bar; recuerdo el local y la situación aproximada de la mesa, eso sí.  Durante la velada, ella (2 años menos que yo) me reveló su plan infalible de felicidad:

Nosotros ya lo tenemos hablado. Ahora nos vamos a vivir juntos y en dos años nos casamos. Enseguida tendremos un hijo y a los dos años otro, luego la ligadura de trompas, y a VIVIR!!!

Y allí estaba yo, rozando la treintena, sin siquiera saber qué es lo que iba a hacer durante los próximos 7 días. ¡Horror! ¡No tenía un plan infalible! ¡no podría ser feliz!

Fue en ese momento que adquirí un reloj, lo puse con la cuenta atrás y lo guardé en mi mochila a buen recaudo. ¡No tenía tiempo que perder! Si el contador llegaba a 0 y no tenía un marido, una hipoteca y 2 ó 3 hijos, no iba a poder alcanzar la felicidad nunca jamás. Porque no se trataba de un reloj cualquiera, no, se trataba de un reloj  nada más y nada menos que BI-O-LÓ-GI-CO.

Desde entonces revisaba diariamente que mi reloj siguiese allí en un bolsillo de mi mochila. Era indispensable que me recordase que necesitaba ese plan infalible YA, que cada hora me dijese cuanto tiempo restaba hasta que tuviese que abandonar la idea de poder ser feliz algún día. Un reloj muy preciso, oiga,  y con la pila bien cargadita. Y además, con una funcionalidad premium: cada día que pasaba me daba un nuevo aporte de angustia, ansiedad, desesperación y tristeza.

Cuando alguien nos nombra las palabras reloj biológico una tiende a acordarse de su vecina cotilla que dice algo de un arroz que se pasa. De niños, nos enseñaron que el hombre NACE-CRECE-SE REPRODUCE-MUERE. Según esa teoría, lo único que el ser humano tiene que hacer conscientemente es reproducirse, ¿no?. ¡ah! Debe ser por eso que cuando alguien nos habla del reloj biológico se refiere al arroz, es lo único en lo que uno puede despistarse. Pero, ¿es eso cierto?, ¿es ese el único tren que uno puede perder?

Existen muchas aspectos de la vida en los que la edad es un factor realmente importante. Conforme pasan los años,  la capacidades de nuestro cuerpo y nuestra mente se van viendo mermadas, y, consecuentemente, van aparececiendo limitaciones para realizar algunos de los cosas que nos resultaron sencillas y placenteras cuando éramos más jóvenes. Son varios, por tanto,  los relojes biológicos que entran a formar parte en el juego, y nosotros los que hemos de decidir cuándo queremos ó podemos ponerlos en marcha, a sabiendas que a veces no todos pueden funcionar a un mismo tiempo.

Y yo, ¿qué relojes tengo en marcha? ¿alguno ya paró? ¿cuales pueden seguir funcionando? ¿qué reloj está esperando a que yo lo ponga a contar hacia adelante?

Veamos:

  • 3-25 años, reloj biológico del ESTUDIO y la FORMACIÓN
  • 0-? años, reloj biológico de la JUVENTUD y la BELLEZA
  • 23-? años, reloj biológico de la SALUD y el DEPORTE
  • 22-? años, reloj biológico de la CARRERA PROFESIONAL
  • 25-? años, reloj biológico de los VIAJES
  • 23-? años, reloj biológico de la PAREJA y la SEXUALIDAD
  • ? años, reloj biológico de la MATERNIDAD

Oye,  no está tan mal, ¿no? 1 parece que ya paró, otros 5 siguen allí en marcha y sólo 1 no ha llegado a arrancar. ¿qué hubiese ocurrido si el reloj biológico de la maternidad hubiese empezado a contar algunos años atrás?  Probablemente hubiese tenido que pausar algunos de mis otros relojes, ¿no?, y quién sabe si con esperanzas de que volviesen a funcionar de nuevo otra vez con idéntico ritmo y energía.

NO ES DEMASIADO TARDE NI DEMASIADO PRONTO, ES MI MOMENTO