Me duele gastar dinero en todo lo que no me lleve a nuestro objetivo

Me duele gastar dinero en todo lo que no me lleve a nuestro objetivo

Durante estos últimos meses hemos estado sacando nuestras tarjetas de crédito continuamente para pagar los 100€ de una simple consulta médica, los 800€ de la medicación en la farmacia, los 150€ de los complementos vitamínicos recomendados para mejorar la calidad ovocitaria, los 5900€ de un ciclo de FIV/ICSI, y un largo etcétera.

Desde que supe que tener en brazos a nuestro bebé no iba a resultar tan sencillo empecé a evitar todo gasto doméstico y personal prescindible: muebles nuevos, menaje (me encanta cocinar y los cacharros de cocina!!!), escapadas de fin de semana, grandes viajes en vacaciones, ropa y calzado innecesarios. No es que estemos en una situación económica difícil, tenemos nuestros ahorros y a pesar de asumir el coste de tantísimos tratamientos contamos con un colchón suficiente como para poder darnos algún capricho. Sin embargo, conforme la cosa se nos complica más y más y tenemos que añadir más extras a los tratamientos, me preocupa que algún día el dinero sea un impedimento para conseguir nuestro sueño. ¡¡¡Mis hijitos son mucho más importantes que tener una camiseta nueva en mi armario!!!

Cuando hablo con mis terapeutas, familiares, amigos, etc me recomiendan salir, hacer cosas guays que no puedas hacer cuando tenga hijos, que me vaya los fines de semana a un SPA, etc. Muchas veces yo me pregunto si cuando hablan de esto son conscientes de la suma de dinero que gastamos mensualmente y la carga de consciencia que me supone gastarte un sólo euro en algo que no contribuya a nuestro objetivo. Entiendo que unas experiencias ultra emocionantes compensen los malos tragos de mi desdicha, pero llega un momento en que la burra no da para todo. Así que hay que elegir…”susto” o “muerte”.

M trabaja muchísimas horas. Yo tampoco me quedo corta, pero suelen ser jornadas más razonables, nunca se extienden más allá de las 19:00 de la tarde en invierno. Es por eso que prefiero que él no sea el que tenga que renunciar a sus caprichos. No es justo que después de trabajar de sol a sol “a lomo caliente” (expresión de mamá) no pueda darse un gustazo como premio.

Últimamente pienso demasiado en este tema, sobre todo a raíz de la gran decepción que nos llevamos con nuestra ya antigua clínica (con la que hemos hecho todos los tratamientos hasta la fecha). Siento haber tirado mucho dinero a la basura, y sufro pensando en el esfuerzo que nos cuesta a M y a mí ahorrar todo ese dinero. Es como si sintiese que sólo trabajamos para pagar los tratamientos que nos lleven a nuestro hijo. Y bromeo diciendo… “Este garbancito, cuánto gasta antes de nacer”

Supongo que todos estos sentimientos se normalizarán una vez pase toda esta montaña rusa de emociones. De momento, he decidido que voy a hacerme un pequeño autorregalo todos los meses, un libro de cocina que me guste. Algo que no supone mucho dinero pero que me hace muchísima ilusión. ¡me lo merezco!