Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Una de las cosas que más me gusta hacer cuando llega el buen tiempo es salir con mi bicicleta por los caminos circundantes a mi ciudad, aprovechando que alarga el día.

Tengo una bicicleta muy básica que compré en Decathlon hace unos 4 años.  Me costó 99€, y ya está más que amortizada. No tiene amortiguación y, como siempre ruedo por caminos, cuando estos son pedregosos  los brazos pican;  por contra, no me molesta el culete al día siguiente de una escapada, ¡y eso que no uso culotte!  (he debido hacer callo 🙂  ) El cambio de marchas tampoco va muy fino y a veces tengo que subir las cuestas en plato mediano. A pesar de todo, tengo cariño a mi bici y me gusta salir con ella a menudo, la mayoría de las veces sola y otras me acompaña M, como ayer.

Normalmente, mientras mis piernas pedalean, mi mente vuela, reviviendo el pasado e imaginando el futuro. Siento rabia por no poder cambiar lo que ya sucedió y me anticipo a lo que todavía no ha ocurrido. No paro de consumir pensamientos tóxicos. En ese espacio tan abierto mi alma no tiene límites, se siente libre.

Conforme crece la melancolía mi cuerpo se revela y se esfuerza más y más para demostrar a mi mente lo que es capaz de hacer; se siente obligado a reforzar mi autoestima. Y sólo de esta forma, consigo un equilibrio emocional.

Pero esta vez no iba a dejar volar a mi mente a su libre albedrío, le iba a marcar unos límites.

Ayer eran las ocho y pico de la tarde cuando salimos de casa en dirección a un santuario que hay en lo alto de un monte cerca de mi ciudad (cuando hablo de mi ciudad me refiero a una población de 18000 habitantes) . Comenzaba el ocaso.  A ratos, M y yo conversábamos de forma animada, otros ibamos uno detrás del otro, ocasiones para el libre pensamiento individual. Y esta vez obligué a mi mente a permanecer en el presente, escuché el sonido de las ruedas sobre el camino, sentí el frescor del aire rozar mi cara y mis brazos en los descensos y el calor de los últimos rayos de sol en los ascensos, observé los colores del ocaso. Fui consciente de lo especial que era ese día y lo delicioso que era compartirlo con la persona que más quiero.

Esta técnica de concentrar la atención del momento presente la aprendí en un taller al que asistí el pasado mes de Mayo. El concepto se denomina mindfulness y me gustaría leer más sobre ello. Conforme vaya  aprendiendo más cosas sobre el tema iré incorporando información al blog.

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