Registro de síntomas de las enfermedades del alma

Registro de síntomas de las enfermedades del alma

Otra vez tengo deberes. En este caso tengo que elaborar un registro de situaciones angustiosas durante estos días para ver si encuentro un patrón que se repita y que me permita saber en qué momentos tengo que trabajar para evitar las enfermedades del alma. Posteriormente, intentaremos acotar esos momentos que dedico a pensar en los problemas relacionados con la infertilidad, que son 100% inútiles hoy por hoy hasta que no tengamos nuevos datos.

NOTA: Los niveles los calculo subjetivamente en una escala de 1 a 10.

16 Junio 2016 (Jueves) – MEDIANAMENTE BIEN

  • Al levantarme vuelvo a tener esa sensación de que estoy viviendo una verdadera pesadilla (10 minutos)
  • En el descanso del almuerzo del trabajo siento DESESPERANZA de nivel 5, pienso que nunca voy a ser madre (20 minutos)
  • Tras la comida consulto twitter, lo que provoca PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5 (20 minutos)
  • Salgo a tomar el sol y me pongo a leer un libro (1 hora y 30 minutos). Un 60% del tiempo tengo PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5.
  • Salgo a correr durante 30 minutos por el parque.  Veo a las mamás y a los niños en el parque y siento INFERIORITIS de nivel 5.
  • Tras la cena me pongo con twitter y de nuevo PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5 durante 30 minutos.

 

17 Junio 2016 (Viernes) – MAL

  • Mientras me plancho el pelo y me maquillo, y hago la cama (40 minutos) tengo PENSAMIENTOS RUMIATIVOS y DESESPERANZA de nivel 6.
  • Mientras trabajo me desconcentro constantemente. Pienso en el momento que tenga que ir a visitar a mis hermanos al hospital cuando tengan sus bebés. PREOCUPACIÓN de nivel 6.
  • A las 19:00 toca ir a la compra y voy a un supermercado que no suelo ir y mando a mi marido a comprar las cosas que requieren ir a sitios fuera de mi zona de confort. Mi marido me propone pasar el fin de semana con su familia y mi madre me propone salir a ver el concierto de la banda. No quiero hacer ninguna de esas cosas y me produce TRISTEZA nivel 8. Siento que no hago lo que mis padres y mi marido esperan de mí y mis miedos no me dejan hacer las cosas que habitualmente solía hacer. Siento que no saldré de ésta.

 

18 Junio 2016 (Sábado) – MUY MAL

  • 8:00, me levanto y me acuerdo de la situación angustiosa de ayer. PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5. Me consigo volver a dormir y tengo pesadillas.
  • 10:00, me pongo a planchar y todo el rato tengo PREOCUPACIONES y PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5. De nuevo me veo en el hospital visitando bebés, haciéndoles regalos, yendo a cumpleaños, bautizos, a comidas de Navidad, etc.
  • 12:00, me consigo entretener limpiando la fachada.
  • 14:00. Estoy sola y veo una noticia que me hace empezar a tener ANSIEDAD y PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS (tengo algo muy grave, me voy a morir pronto, etc) de nivel 9.
  • 18:30. Salgo a correr y me encuentro un poco más aliviada
  • 21:00. Cervecita y cena fuera de casa. Muchísimo mejor

 

19 Junio 2016 (Domingo) – REGULAR

  • Por la mañana hago una tarta, estoy entretenida y me encuentro bastante bien
  • 16:00. Vuelvo a tener ANSIEDAD y PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS (tengo algo muy grave, me voy a morir pronto, etc) de nivel 6.
  • 19:00, quedamos con unos amigos, me entretengo y me encuentro bastante mejor
  • Tras la cena, veo la televisión y a la vez hago tricot y consigo frenar mucho cualquier pensamiento irracional

 

20 Junio 2016 (Lunes) – MEDIANAMENTE BIEN

  • Tras la comida, vuelvo a tener ANSIEDAD y PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS (tengo algo muy grave, me voy a morir pronto, etc) de nivel 3. Como estoy con mi madre , aunque preocupada, estoy bastante tranquila.

 

21-22-23 Junio 2016 (Martes, Miércoles, Jueves) – BASTANTE BIEN

  • Estoy bastante entretenida durante la mañana con el trabajo, no me despisto mirando cosas en Internet y estoy motivada. El tener la tarde libre para hacer mis cosas también me hace que no se me haga pesada la jornada laboral. Por la tarde salgo a tomar el sol, hago deporte, incluso el miércoles hago tareas de limpieza y consigo frenar bastante los pensamientos rumiativos. El miércoles también estoy animada para salir a una terraza a tomar una cerveza. El sentirme bien también me hace volver a tener un poquito de ilusión por las cosas.

 

24 Junio 2016 (Viernes) – MAL

  • A primera hora tengo consulta con la inmunóloga. Revisamos las analíticas, me manda otras muchas y de nuevo me sugiere hacer dieta de azúcar y gluten. Añade nuevos medicamentos a todo lo que venía tomando. La DESESPERANZA, PREOCUPACIÓN y PENSAMIENTOS RUMIATIVOS aparecen de nuevo con nivel 8.
  • Para más inri, en el trabajo me cae un marrón del 15, de los gordos gordos. Entonces llega la TRISTEZA con nivel 7. Estoy un rato llorando, vienen mis padres a verme antes de comer pero tengo que seguir trabajando. Estoy bastante desconcentrada hasta que termino la jornada.
  • Tras la comida salgo a tomar el sol, y sigo con PREOCUPACIONES y PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 6.
  • Me animo a ir a comprar a un supermercado grande, donde sé que voy a encontrarme a gente conocida. Nos encontramos al padre de un amigo, y habla de niños que han nacido y bromea sobre los nietos que desea tener. Me desconcentro mientras habla y vuelvo a tener PREOCUPACIONES y PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 7.
  • Tras la compra, salimos a tomar una cerveza, vemos una película, etc. Me encuentro un poco más animada pero no es al nivel que me encuentro entre semana.

 

25 Junio 2016 (Sábado) – REGULAR

  • Durante la mañana estoy más o menos bien, me acuerdo de la visita con la inmunóloga y sigo con PREOCUPACIÓN y PENSAMIENTOS RUMIATIVOS de nivel 5 (¡algo mejor!)
  • Tras la comida surge un plan con amigos y yo no tengo ganas. Esto me hace sentir un poco mal, sobre todo porque hago que M diga que no a un plan que quizás sí que le apetecía porque le hacía desconectar. Cambiamos el plan por salir a dar un paseo con la bicicleta. El deporte y el aire libre me hace sentir bien. Preparo una pizza y vemos una película.

 

26 Junio 2016 (Domingo) – MEDIANAMENTE BIEN

  • M y yo salimos de excursión mano a mano. Una caminata de 6 horas!!! A la ida me encuentro genial, hablamos de las elecciones y de temas variados, estoy entretenida. A la vuelta hay más momentos de silencio y mi cabeza no para de pensar en el momento en que tenga que ir al hospital a ver a mis nuevos sobrinos, a que no tengo ninguna gana de ir al bautizo, en la boda de Septiembre en la que coincidiré con mis hermanos, en el cumpleaños de mi padre, en las Navidades…. Preocupaciones de nivel 6.
  • A la vuelta de la excursión vamos a comer unos helados y estamos en la plaza con muchos niños, muchos carritos, muchas embarazadas y justo en la mesa de al lado hay una chica que comenta su reciente embarazo. Me hace ponerme un poco TRISTE (nivel 6), aunque consigo que no me desborde.
  • Consigo el reto que me planteó mi psicóloga. Bajo a dar un paseo y estar una terraza fuera de mi zona de confort. No me encuentro en ninguna situación incómoda.

 

27-28-29 Junio 2016 (Lunes, Martes, Miércoles) – BASTANTE BIEN

  • Se cumple el patrón de la semana anterior

 

 

 

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Mi botiquín para enfermedades del alma

Mi botiquín para enfermedades del alma

Hoy tengo deberes que hacer. Ana, mi psicóloga, me recomendó que preparase un botiquín para mis enfermedades de alma, una cajita donde tener a mano todos los recursos que me ayudan a estar mejor en los momentos ploff.

 

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Cuando nos metemos en un torbellino de emociones irracionales nos es muy difícil encontrar esa rama robusta y firme que nos permita agarrarnos fuerte y evitar que nos arrastre sin control hasta cualquier sitio del que no seamos capaces de volver. Y al igual que cuando estamos enfermos nos tomamos una píldora que evita que la infección y el dolor vayan a peor, nuestra alma también necesita esas píldoras que nos alivien y nos curen, esa rama fuerte y robusta que nos ayude a que nuestro alma no sufra el vaivén de las circunstancias de una dura y cruel realidad.  Es por eso que es importante tener una buena provisión de píldoras en nuestro botiquín para las enfermedades del alma.

Este es el contenido de mi botiquín personal:

 

Inferioritis

  • Frecuencia: muy frecuente (a diario)
  • Sintomatología: pienso que mi cuerpo es defectuoso, me siento fracasada, me digo a mi misma que soy la oveja negra de la familia, creo que mi tiempo es menos valioso porque yo no tengo hijos, estoy convencida de que a mí no se me ha concedido la posibilidad de ser madre, siento que la naturaleza me está diciendo que yo no soy válida para tener un hijo, se me ha pasado el arroz, mis óvulos soy muy viejos, me veo fea, mi cuerpo de disgusta, no me gusta hacerme fotos y mucho menos verme en ellas, me gustaría no ser yo, no me apetece arreglarme ni comprarme ropa, prefiero salir en chandal, salgo de cualquier forma sin importarme mi aspecto físico, …
  • Tratamiento: 
    • Ponerme mis zapatillas, enfundarme las mallas y salir a hacer deporte para demostrarme a mi misma que estoy en forma y que mi cuerpo es sano y fuerte
    • Darme una ducha, lavar y secar mi pelo y darle caña a la plancha. Coger la brocha y darme una buena sesión de chapa y pintura.
    • Ponerme unos taconazos, un vestido bien ajustadito a la cintura o llevar ropa fresquita muy sexy 😉
    • Broncearme bajo el sol.
    • Recordarme a mí misma todas las cosas buenas que tengo y todo lo que sé hacer muy bien.
    • Listar todas las cosas buena que tiene ser una mamá de más de 35 años si algún día consigo serlo.

 

Desmotivación en el trabajo

  • Frecuencia: frecuente (3 de los 5 días que trabajo a la semana)
  • Sintomatología: se me hace cuesta arriba enfrentarme a los marrones, miro el reloj continuamente para ver cuánto queda para acabar la jornada, me pongo a buscar en Internet frecuentemente cosas que no son del trabajo, me noto muy cansada y sin ganas de hacer nada, pospongo todas las tareas que puedo para mañana, elijo las tareas más sencillas, tengo numerosos despistes, …
  • Tratamiento:
    • Elaborar cada día el plan de trabajo del día siguiente lo más detallado posible, indicando tiempos para evitar dejar espacio a la improvisación.
    • Utilizar la técnica Pomodoro para concentrarme en tareas concretas y comprometerme a terminarlas en el tiempo establecido.
    • Acudir a la oficina al menos 2 veces a la semana (evitar el teletrabajo demasiados días de la semana).
    • Planificar 1 sesión diaria de 1 hora en la que cada día de la semana haga una actividad distinta.
    • Hablar con mi jefe y pedirle una sesión de formación para aprender cosas nuevas.
    • Iniciar un nuevo proyecto o actividad complementaria al trabajo del día a día.
    • Apuntar en un papel las veces que me distraigo buscando cosas no relacionadas con el trabajo y el tiempo que invierto para ser consciente de ello.
    • Leer el correo personal únicamente al final del día.

 

Desilusión por vivir

  • Frecuencia: muy frecuente (a diario)
  • Sintomatología: no tengo ganas de salir de casa, me tiro en el sofá y enciendo la tele sin nada concreto que ver, me pongo a mirar foros de infertilidad continuamente, acabo de trabajar y no me apetece hacer ninguna de las cosas que me había programado para esa tarde, tengo ganas de que pasen las horas, los días, los meses, pienso en si debería empezar a tomar antidepresivos, nunca encuentro el momento de tener sexo, …
  • Tratamiento: 
    • Hojear mis revistas y mis libros de cocina y pensar en nuevas recetas para elaborar en los próximos días
    • Recordar esa Wish List y esos dineritos que reservo cada mes para darme un pequeño caprichito de vez en cuando
    • Pensar en el próximo viaje que quiero hacer e imaginarme cuándo será, cómo y dónde.
    • Pensar en la decoración de la casa, ¿qué es lo próximo que nos gustaría hacer en nuestro hogar?
    • Leer manuales de fotografía, coger mi cámara y practicar.
    • Cambiar la forma de hacer las cosas ese día: ir a un nuevo supermercado a comprar, salir a cenar a un restaurante diferente, preparar un bocadillo y comer en un merendero, cambiar el sitio desde donde teletrabajar, salir al cine entre semana, etc

 

Desesperanza

  • Frecuencia: muy frecuente (a diario)
  • Sintomatología: pienso que nunca voy a conseguir ser madre
  • Tratamiento:
    • Recordar a todas las luchadoras de la #infertilpandy que demuestran cada día que …. ¡¡¡Sí se puede!!!!

 

Tristeza

  • Frecuencia: frecuente (2-3 veces a la semana y a diario tras tratamiento fallido)
  • Sintomatología:  subo a la habitación, cierro la puerta, me tumbo en la cama con un pañuelo y me pongo a llorar.
  • Tratamiento:
    • Venga…..¡¡¡esa música que me da energía!!!
    • Salir a una terracita a tomar una cerveza con unos frutos secos
    • Una escapada al aire libre: excursión por el Pirineo, salir a conocer un pueblo pintoresco y fotografiar, una caminata con el campo o una vueltecita con mi bicicleta
    • Quedar a tomar un café con alguien de mi círculo de confianza
    • Ver una peli

 

Preocupación y pensamientos rumiativos

  • Frecuencia: muy frecuente (100% del tiempo que mi mente no está ocupada o durmiendo)
  • Sintomatología: Mientras estoy haciendo actividades que no mantienen mi mente ocupada (planchar, ducharme, hacer la cama, ir a la compra, etc) …¿y si no he tomado la decisión correcta? ¿y si hice lo que no debía? ¿y si no me estuve lo suficientemente quieta? ¿y si no respondo bien a la estimulación? ¿y si mi endometrio no está preparado? ¿y si mis embriones no tienen la calidad suficiente? ¿y si nunca puedo ser madre?
  • Tratamiento:

 

Miedo

  • Frecuencia: frecuente (2-3 veces por semana)
  • Sintomatología: me da miedo que el resultado de una prueba, de una beta o de una ecografía no sea lo que me gustaría, me asusta que un tratamiento vuelva a fallar, me aterra salir a la plaza un día de mercado y encontrarme con miles de bebés y embarazadas, no veo cómo enfrentarme a una visita al hospital del nacimiento de un nuevo bebé.
  • Tratamiento:
    • Abrazarme a M y cogerle fuerte de la mano para saber que no estoy sola en esto.

 

Ansiedad

  • Frecuencia: ocasional (1 ó 2 veces al mes)
  • Sintomatología: [¡¡¡AVISO, SOY MUY CATASTROFISTA!!!]siento que algo muy grave me está pasando, que ese pinchazo en el pecho es un síntoma de que tengo un cáncer, que mi tiroides va a ir a peor y llegará un punto en que no tendrá remedio, creo que me voy a morir muy joven, que alguno de los 2 se quedará en el paro, o incluso los 2, que nos quedaremos sin dinero para tratamientos, e incluso no podremos pagar nuestras facturas, etc, etc, etc
  • Tratamiento:

 

 

 

 

 

El miedo a no entrar en los pantalones

El miedo a no entrar en los pantalones

Desde que empecé a tener trastornos con la comida siempre me ha acompañado un miedo horrible a enfundarme según que ropa en aquellos momentos en los que he considerado que mi cuerpo no ha estado  dentro de los límites permitidos. Y utilizo el verbo CONSIDERAR porque siempre han sido miedos irracionales que no han estado fundamentados en ninguna hecho objetivo. Es más, casi siempre que he conseguido superar el temor y me he lanzado a probarme esa ropa ajustada que ha estado colgada en el armario desde la temporada anterior, me he llevado la grata sorpresa que ningún michelín asomaba por ningún sitio.

Desde que abandoné la pesada semanal que me confirmase que podía ponerme unos vaqueros sin remordimientos, siempre he huido de los pantalones sin elástico y todo tipo de ropa ajustada cuyos botones pudiesen revelar que había tenido una semana feliz. Los lunes evitaba según qué prendas, pues el fin de semana seguro que había cometido muchos excesos y era mejor esperar esos 5 días de dieta sana y deporte para recuperar la figura y asegurarse que entraban bien. Y preparar la maleta para unas vacaciones de 1 semana requería de una complicada estrategia para reservar ropas anchas para todos los días y poder meter dentro la carga extra adquirida en los restaurantes.

Todo esto ha hecho que ni siquiera me haya gustado ir a comprar ropa, y que en los últimos años casi todo lo haya adquirido por Internet.

Es curioso, porque la gente puede llegar a pensar cuando alguien está obsesionado por no engordar, lo hace porque es muy presumid@ y quiere poder lucir la última moda. Nada más lejos de la realidad, a mí la ropa estrecha siempre me ha hecho sentir grande dentro de algo pequeño, nunca me he visto bien dentro de unas mallas y siempre me ha incomodado una blusa ceñida.

Siempre he pensado que no sé si seré capaz de superar estos miedos alguna vez. Me preocupa cómo reaccionaré cuando tras el parto necesite utilizar 2 tallas más de lo habitual y me vea forzada a renovar mi vestuario. Es una asignatura pendiente que tengo que trabajar.

 

 

Pensar en uno mismo no es ser egoísta

Pensar en uno mismo no es ser egoísta

La infertilidad lleva consigo un torbellino de emociones muy intensas para la mayoría de las personas que la sufren. Además del miedo, la ansiedad, la angustia, el sufrimiento, el dolor, etc. aparecen sentimientos extraños y contradictorios en tus relaciones personales, sobre todo debido al ¿y por qué tú sí y yo no? (léase embarazos e hijos ajenos)

Hasta hace muy poquito consideraba que mis sentimientos eran incorrectos  ¿por qué no me alegraba de que las personas de mi alrededor tuviesen hijos? Sentir envidia, enfado o traición era ilegítimo. Me consideraba una persona egoísta y estaba decidida a cambiarlo. Tenía clara la forma de solucionarlo: debía exponerme a esas situaciones dolorosas y aguantar como toda una campeona. Al llegar a casa me encerraría en casa y lloraría todo lo que tuviese que llorar. Así todos mis familiares y amigos estarían contentos. Cuantas más situaciones consiguiese superar, más fuerte me haría y llegaría un momento que sería totalmente inmune a cualquier estímulo externo relacionado con barrigas y bebés.  Tenía una responsabilidad hacia con los demás. Realmente lo hacía por ellos.

Pero estaba muy equivocada. Las constantes exposiciones a situaciones dolorosas  no sólo no mejoraban las relaciones sociales sino que me dejaban hundida.

Mi terapeuta me hizo ver que todos los sentimientos son válidos, que mis emociones son mías y de nadie más y no hay nada de malo en que yo sienta lo que siento, ni en que los demás sean conscientes o no de lo que estoy sintiendo. Si comprendo el origen de los sentimientos y consigo que no distorsionen mi conducta, no estoy haciendo nada malo. Yo soy la única que he de decidir si me gustaría cambiar esos sentimientos y cómo lo tengo que hacer. Ahora sé que el modo de hacer que esas emociones cambien es lícito siempre y cuando no incumpla ninguna de las reglas de convivencia de cualquier sociedad. Así mismo, he aprendido que yo soy la única responsable de mis sentimientos al igual que no soy responsable de los sentimientos de nadie.

Hoy, todo lo que hago lo hago pensando en mí, pero ya no me siento egoísta. Yo soy lo más importante en mi vida y quiero ser feliz. De momento, para conseguirlo he de poner límites a la hora de estar con familias fértiles; hay un umbral de dolor que no puedo sobrepasar todavía.

Amablemente tuve que pedirle a mis hermanos que intentasen mantener la distancia. Me da igual que se sientan culpables o que les siente mal que no muestre mi interés por sus ecografías. Yo he actuado correctamente y no soy responsable de sus sentimientos de enfado ni de culpabilidad. Al igual que ellos actuaron por su propio interés a la hora de decidir tener un hijo, yo lo hago por el mío. Ellos lo necesitaban para alcanzar su felicidad, y yo necesito esto para alcanzar la mía.

No podemos dejar la felicidad en manos de los demás. Hemos de pensar en nosotros mismos y asumir la responsabilidad de nuestras emociones. Pensar en uno mismo, no es egoísmo.

Hematofobia

Hematofobia

Si parecían pocos todos los conflictos que se esconden dentro de mi cabecita, aquí hay uno más: soy hematofóbica. Y no es sólo que mire hacia el otro lado durante los 30 segundos que dura que una enfermera agarre mi brazo, ate la goma verde con tanta fuerza como si le hubiese quitado el novio, de golpecitos con su dedo sobre la venita hasta que ésta esté hinchada, pinche una aguja, extraiga la sangre, quite la aguja, apriete con un algodón y ponga una tirita. Para mí es un verdadero logro conseguir no desmayarme durante ese proceso (uff, sólo de pensarlo ya me estaban subiendo los calores). ¡Incluso me da pánico quitarme la minúscula tirita redonda al llegar a casa! De hecho, muchas veces en invierno, que no se me ve el brazo y no tengo que dar explicaciones, espero a que se caiga sola en alguna de las sucesivas duchas 😛

Hemofobia

No es miedo a las agujas, ni a los pinchazos ni al dolor , es verdadero pánico a la sangre humana. Soy capaz de inyectarme las hormonas de los tratamientos sin sentir una pizca de ansiedad, ver la sangre de los animales en una carnicería y pescadería, incluso manipular yo los productos crudos. Sin embargo, no necesito ver una sóla gota de sangre para que si alguien me habla de alguna experiencia en la que ésta esté presente y acto seguido yo me caiga larga al suelo.

La hematofobia es algo que siempre he querido superar, pero ha empezado a preocuparme más a raíz de empezar a buscar embarazo. En primer lugar porque un embarazo implica un parto y, en segundo lugar, porque necesito poder saber auxiliar a mis niñ@s cuando se me descalabren. Ya de paso, no me voy a olvidar de M, el pobrecito, que también podría ser que un día de estos tenga un pequeño accidente en casa y yo no llegue ni  a llamar al 112. Y el caso más importante, ¿qué pasa si me ocurre algo a mí estando sóla?

Considero que este miedo no nació conmigo, sino que lo adopté en algún momento posterior de mi vida. Recuerdo que de niña rasgué mi lengua con los dientes al tropezarme y caer cuando corría, un atrapón de los dedos con la puerta del coche, y ya de adolescente, una caida con una bici que no tenía frenos (sí, es verdad, poco talento tenía!!!!); pero no recuerdo haberme demayado en ninguna ocasión.

Muchas veces intento pensar en si hubo algún momento traumático en mi vida que hizo que surgiera ese temor. Yo creo que la primera vez que me ocurrió fue  tras la depresión, pero también es verdad que hasta entonces apenas me habían hecho analíticas de sangre y casi no había tenido oportunidades para que se manifestase. A veces pienso si es que mi mente se sentía segura con mi anterior cuerpo y, tras perder peso, empezó a sentirse débil ante cualquier alarma que advirtiese posibilidad de pérdida de sangre. Otras veces pienso si siempre he tenido esta fobia pero se intensificó durante los 3 años en los que estuve viviendo sola al igual que llegó el insomnio (en otro post hablaré de ello). Pero no soy capaz de encontrar la razón por la cual llegué hasta tal extremo de empezar a perder la consciencia un día que me hice una pequeñisima herida en un dedo cuando estábamos viviendo en Barcelona (punto más crítico de esta fobia no por sus grandes consecuencias sin por lo pequeño del incidente y por no ser capaz de mantener la calma hasta que M me pusiese una tirita).

Así que, hace ya aproximadamente 1 año, decidí que tenía que empezar a trabajar para superar este miedo y busqué la ayuda de un psicólogo. (En otros posts hablaré de técnicas para superar esta fobia y de cómo lo voy llevando)

Racionalizando pensamientos negativos durante la betaespera

Racionalizando pensamientos negativos durante la betaespera

Como comenté el martes, mis betaesperas se caracterizan porque mi cabeza se llena de pensamientos exageradamente negativos que no paran de torturarme. La realidad no es tan mala como yo la veo, pero los continuos intentos fallidos a lo largo de estos 20 largos meses han hecho que yo tenga una visión del proceso negativa y unas expectativas de fracaso.

Un intento fallido en un ciclo de RA me va a afectar según el modo en el que yo piense sobre ello, así que he de intentar modificar la forma en el que pienso ese dato objetivo, tratando de buscar un equilibrio entre las valoraciones positivas (tampoco es bueno verlo todo de color de rosa) y negativas que pueda hacer de los acontecimientos.

Voy a poner en práctica una técnica que me ayude a racionalizar estos pensamientos: la discusión de pensamientos. Intentaré usar el blog a modo de block de notas en cualquier otro momento cuando un pensamiento distorsionado me desestabilice, aplicando esta técnica.

Esta técnica trata de cuestionar la veracidad de nuestros pensamientos con unos sencillos pasos:

Pensamiento: Los embriones que obtuvimos en nuestra FIV son de mala calidad. El test de embarazo será negativo. Este intento es como tirar el dinero y nuestra energía a la basura. Los embriones van a ser siempre malos. No vamos a conseguir ser padres nunca.

Paso 1. ¿en qué medida me creo ese pensamiento? (Valorar de 0 a 100)

90

Paso 2. Emociones negativas que me produce ese pensamiento (Valorar cada una de ellas de 0 a 100)

Tristeza (80)

Ansiedad (100)

Rabia (80)

Paso 3. Confrontar el pensamiento, analizando la validez, utilidad y veracidad del pensamiento.

Una semana antes de la punción yo “predije” que me iban a cancelar el ciclo porque los folículos no crecían y no era capaz de producir óvulos viables. Sin embargo, quedó demostrado que mis pensamientos eran totalmente falsos, ni mucho menos se cumplió mi predicción.

En ningún sitio se especifica que no se pueda conseguir un embarazo si los embriones no son de alta calidad y tampoco que eso signifique que en futuros tratamientos nos fuese a ocurrir lo mismo.

El médico nos dijo que no le diésemos ninguna importancia y que los embriones aunque no eran de alta calidad eran buenos. Además, el día de la punción folicular nos explicó que de todos los embriones que se obtuviesen de los 12 óvulos no todos evolucionarían y por estadísticas a lo mejor sólo 1 podría dejarme embarazada. En ningún momento nos dijo que hubiese un problema ni que lo teníamos que cancelar porque no había ninguna probabilidad.

Yo no puedo predecir si algún día conseguiré ser madre o no, pero ya he conseguido quedarme embarazada 1 vez de forma natural, así que ahora de la noche a la mañana nuestra fertilidad no se va a ir al garete.

Las probabilidades de conseguir embarazo en este ciclo siguen siendo del 50%, nadie nos ha dicho que en nuestro caso sea inferior.

Si otra persona estuviese en mi situación le diría que al final es cuestión de intentarlo y tener un poquito de paciencia, no desesperar. Cuanto más se intenta más probabilidades hay de que salga bien y  que piense que en una de esas saldrá bien. También le diría que no se compare con los demás, que haga caso a los médicos que son los únicos que pueden evaluar su caso en particular y que son lo suficientemente profesionales como para luchar porque nuestro proyecto salga adelante y explicarnos los problemas que surjan con sinceridad.

En lugar de tal y como lo pienso ahora, la situación se podría interpretar como que estoy viviendo una nueva oportunidad para alzanzar nuestro sueño.

Este pensamiento no me ayuda ya que me crea ansiedad y angustia y hace que el tiempo hasta el día del test de embarazo sea lento y doloroso. Que yo piense que salga bien o mal no va hacer que cambie el resultado.

Si finalmente ocurriese el que sea un intento fallido lo único que pasaría es que tendríamos que volver a comenzar un nuevo ciclo desde el principio y gastaríamos otro pico más. Sin embargo, ahora los médicos conocen mi cuerpo y cómo respondo al tratamiento, con lo que para la próxima pueden hacer un tratamiento a medida para mí. Además, ya tengo la experiencia, conozco todos los pasos y los sé superar todos sin problemas. Ya sabemos que tengo muchos óvulos, y que fecundan sin problemas. Sólo es cuestión de un par de meses más.

Paso 4. Y ahora, ¿en qué medida me creo ese pensamiento? (Valorar de 0 a 100)

50

Paso 2. Volver  a valorar las emociones negativas que me produce (Valorar cada una de ellas de 0 a 100)

Tristeza (80)

Ansiedad (50)

Rabia (40)

Bueno, pues parece que sí que me sirve, ¿no? ¡¡¡Leeré este post cada vez que vuelva a mi cabeza ese pensamiento dinamitadizador!!!

 

Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Mindfulness: Disfrutando el ocaso del solsticio de verano sobre ruedas

Una de las cosas que más me gusta hacer cuando llega el buen tiempo es salir con mi bicicleta por los caminos circundantes a mi ciudad, aprovechando que alarga el día.

Tengo una bicicleta muy básica que compré en Decathlon hace unos 4 años.  Me costó 99€, y ya está más que amortizada. No tiene amortiguación y, como siempre ruedo por caminos, cuando estos son pedregosos  los brazos pican;  por contra, no me molesta el culete al día siguiente de una escapada, ¡y eso que no uso culotte!  (he debido hacer callo 🙂  ) El cambio de marchas tampoco va muy fino y a veces tengo que subir las cuestas en plato mediano. A pesar de todo, tengo cariño a mi bici y me gusta salir con ella a menudo, la mayoría de las veces sola y otras me acompaña M, como ayer.

Normalmente, mientras mis piernas pedalean, mi mente vuela, reviviendo el pasado e imaginando el futuro. Siento rabia por no poder cambiar lo que ya sucedió y me anticipo a lo que todavía no ha ocurrido. No paro de consumir pensamientos tóxicos. En ese espacio tan abierto mi alma no tiene límites, se siente libre.

Conforme crece la melancolía mi cuerpo se revela y se esfuerza más y más para demostrar a mi mente lo que es capaz de hacer; se siente obligado a reforzar mi autoestima. Y sólo de esta forma, consigo un equilibrio emocional.

Pero esta vez no iba a dejar volar a mi mente a su libre albedrío, le iba a marcar unos límites.

Ayer eran las ocho y pico de la tarde cuando salimos de casa en dirección a un santuario que hay en lo alto de un monte cerca de mi ciudad (cuando hablo de mi ciudad me refiero a una población de 18000 habitantes) . Comenzaba el ocaso.  A ratos, M y yo conversábamos de forma animada, otros ibamos uno detrás del otro, ocasiones para el libre pensamiento individual. Y esta vez obligué a mi mente a permanecer en el presente, escuché el sonido de las ruedas sobre el camino, sentí el frescor del aire rozar mi cara y mis brazos en los descensos y el calor de los últimos rayos de sol en los ascensos, observé los colores del ocaso. Fui consciente de lo especial que era ese día y lo delicioso que era compartirlo con la persona que más quiero.

Esta técnica de concentrar la atención del momento presente la aprendí en un taller al que asistí el pasado mes de Mayo. El concepto se denomina mindfulness y me gustaría leer más sobre ello. Conforme vaya  aprendiendo más cosas sobre el tema iré incorporando información al blog.